República Socialista de Checoslovaquia

Nombre oficial: Československá Socialistická Republika
Capital: Praga
Superficie: 127900 km²
Moneda: Koruna (100 hellers)
Población: 15,600,000. Los checos constituían el 62.8% de la población y los eslovacos el 31%. La principal minoría eran los húngaros, que constituían el 3.8% de la población y habitaban principalmente en el suroeste de Eslovaquia, siendo las otras minorías principales gitanos (0.7%) y silesios (0.3%): el restante 1.7% de la población estaba compuesto por rutenos, ucranianos, alemanes, polacos y judíos. La estructura demográfica del país fue alterada bruscamente tras el fin de la segunda guerra mundial a consecuencia de la expulsión de los alemanes de los Sudetes, el intento de expulsión de los húngaros y la cesión de Rutenia a la URSS.
Densidad: 121 habitantes por kilómetro cuadrado
Idioma (s) oficial (es): Checo, eslovaco
Presidente: Klement Gottwald (primero, 1948-1953), Karel Urbanek (último, 1989)
Primer ministro: Antonin Zapotocky (primero, 1948-1953), Marian Calfa (último, 1989-1990)

Antecedentes históricos

Los antepasados de los checos y los eslovacos formaron parte de una confederación tribal llamada “reino de Samo”, el cual es mencionado en varias fuentes como el primer Estado eslavo. Las principales referencias provienen de Fredegarii Chronicum, un conjunto de crónicas escritas en la primera mitad del siglo XVII por un tal Fredegar (de quien, por otra parte, no existen registros históricos). Fredegar menciona que Samo era un comerciante franco procedente de Sens, Francia (de ahí que emplee el termino de ”senonago”), que tenia 12 esposas y 37 hijos (22 hijos y 15 hijas). Por su parte, segun la Conversio Bagoariorum et Carantanorum, Samo era un comerciante esloveno. El reino -que abarcaba territorios de Alemania, Eslovaquia, la Republica Checa, Austria y Eslovenia- se habría formado entre 622 y 624 cuando Samo unifico a las distintas tribus eslavas de la zona (wendos, checos, eslovacos, croatas y eslovenos) contra las incursiones de los hunos y los avaros, y tras su victoria sobre estos, y debido a sus habilidades militares, fue electo rey y proclamado Rex sclavorum (“rey de los eslavos”).  A pesar de haber derrotado a los avaros y los hunos (y de que según Fredegar participo en la toma de Constantinopla en 626), Samo debió enfrentarse al rey franco Dagoberto I a consecuencia de varios incidentes en que comerciantes francos fueron atacados y despojados de sus bienes: el evento más destacado tuvo lugar cuando Samo derroto a los ejercitos de Dagoberto en la batalla de Wogastisburg en 631. Tras la derrota de Dagoberto, Dervan, duque de los sorabos, que hasta entonces habia sido vasallo de los francos, les abandono y se unió a Samo. En 641, el duque Radulf de Turingia se alió con Samo contra Sigeberto III. Tras la muerte de Samo en 658 el reino se disolvió (en parte porque Samo no nombro heredero) y surgieron varios Estados, dos de los cuales fueron los principados de Nitra y Moravia.

En 833 Mojmir I sometió al principado de Nitra y lo anexiono a Moravia. Tras la muerte de Mojmir en 846 asumió el trono su nieto Rastislav, y aunque inicialmente fue designado por los francos, logro imponer su política independiente. En 863 el emperador de Bizancio envió misioneros, encabezados por Cirilo y Metodio, para evangelizar la región: se adopto el alfabeto cirílico, así como los ritos y la liturgia del cristianismo oriental. Posteriormente, Rastislav fue derrocado en 870 por su sobrino Svatopluk apoyado por los francos, pero pronto surgieron roces ante la negativa de estos de abandonar Moravia, por lo que Svatopluk fue depuesto y encarcelado. Fue liberado en 873 tras la mediación del Papa, e inmediatamente comenzó una guerra contra los francos que concluyo en 874, no obstante, no pudo librarse completamente de su influencia. Tras su muerte en 894 llego al trono su hijo Mojmir II, pero el reino pronto entro en crisis a consecuencia de la rebelión de su hermano Svatopluk II, situación que fue aprovechada por los húngaros para invadir el país, logrando conquistarlo en 907 tras triunfar en la batalla de Bratislava, tras lo cual fue desmembrado y repartido entre alemanes y húngaros.

En 1212 el emperador Federico II publico la Bula de Sicilia mediante la cual se creaba el reino de Bohemia, pues aunque era una provincia autónoma, muchos de sus gobernadores habían tenido el título de ”rey”, siendo coronado Otakar Premysl. En 1253 Otakar II subió al trono, y posteriormente incorporo Austria a Bohemia: dado que en ese entonces el Sacro Imperio Romano no disponía de fuerzas suficientes para imponer sus intereses, Otakar II, aprovechándose del caos y las luchas internas que había en Austria, logro anexionarla. En 1260 obtuvo Estiria tras la derrota de los húngaros: su imperio pronto cubrió toda Europa central y se extendió hasta el Adriático. En 1278 Otakar II murió en la batalla de Marchfeld, donde sus tropas fueron derrotadas por Rodolfo de Habsburgo, siendo sucedido por su hijo Wenceslao II. Posteriormente, en 1356 el reino se convirtió en electorado del Sacro Imperio, permaneciendo como tal hasta su disolución en 1806 en el marco de las guerras napoleónicas.  En 1867 fue incorporado a Austria y posteriormente fue disuelto.

Durante la Primera Guerra Mundial, el nacionalista checo Tomas Masaryk creo en París el Comité Nacional Checoslovaco, que fue presidido por él y Edvard Benes. Tras el fin del conflicto, el 18 de octubre de 1918 Moravia y Eslovaquia proclamaron la independencia y tras su unión se estableció la Republica de Checoslovaquia, cuyas fronteras fueron fijadas por los tratados de Saint Germain (1919) y Trianon (1920). La constitución de 1920 establecía un sistema de democracia representativa y una republica parlamentaria: igualmente, establecía al checo y el eslovaco como idiomas oficiales y otorgaba estatus de oficialidad a los idiomas minoritarios que fueran hablados por lo menos por el 20% de los ciudadanos que lo tuvieran como su lengua, aunque esto último no siempre se cumplía. Los primeros gobiernos se distinguieron por su debilidad, la cual solo pudo ser superada mediante la formación de coaliciones. Masaryk gobernó hasta su muerte en 1935, cuando fue sucedido por Benes.

Desde la independencia hasta mediados de la década de 1920 el país había tenido una balanza comercial superavitaria, no obstante los resultados eran desiguales, pues mientras mantenía un intercambio favorable con sus vecinos del antiguo imperio austrohúngaro y de los Balcanes, el comercio con otros países era deficitario. Debido a la política centralizada del país, en parte heredada del imperio austrohúngaro, mientras Moravia tenía una industria desarrollada, y por lo tanto era la zona del país con mayor nivel de vida, Eslovaquia era una región mayoritariamente agrícola (en el caso de Rutenia, lo era en su totalidad) y con una industria escasa: esto se debía a que Austria y Moravia eran las zonas más desarrolladas del imperio, y por ello suministraban a las otras zonas de la monarquía la mayor parte de sus bienes industriales. El resultado de ello era una balanza comercial favorable para el país (y para Austria), no obstante, tras la crisis de 1929 las exportaciones disminuyeron en un 71.5% y las importaciones en un 70.8%, provocando un aumento grave del desempleo. Por otra parte, como ya se menciono, aunque teóricamente se trataba de un Estado que favorecía la autodeterminación de las minorías, en la práctica los checos ocupaban los principales puestos de responsabilidad, además de que la autonomía real otorgada a las minorías era muy escasa, siendo este hecho lo que favoreció el florecimiento del nacionalismo eslovaco y el deseo de los alemanes de los Sudetes de ser incorporados a Alemania.


Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, en el marco de la política del frente popular, se formo un gobierno de coalición presidido por Benes y con Klement Gottwald como primer ministro. En 1945 se llevaron a cabo las primeras nacionalizaciones y se realizo una reforma agraria, expropiando principalmente a terratenientes alemanes y a colaboradores de los nazis: igualmente se prohibieron a los partidos que habían apoyado a los nazis. En mayo de 1946 se celebraron elecciones, que fueron ganados por el KSC en Chequia, con el 40% de los votos, aunque en Eslovaquia solo obtuvo el 30%. El 25 de febrero de 1948 el gobierno de coalición se disolvió y se formo uno dominado totalmente por el KSC. El 9 de mayo  el parlamento aprobó una nueva constitución, la cual Benes se negó a firmar: finalmente, Benes dimitió el 2 de junio y el parlamento nombro presidente a Gottwald el 14 de junio. Se nacionalizaron las grandes empresas, empezando por aquellas que tuvieran más de 50 empleados, se expropiaron las tierras y se limito su propiedad privada a 50 hectáreas. En febrero de 1949 la asamblea nacional aprobó el Acta de Cooperativas Agrícolas Unificadas, que establecía la colectivización voluntaria del campo, no obstante al principio se estableció un sistema de cuotas de producción para aumentar la productividad y agilizar la mecanización, lo cual causo cierto malestar entre los campesinos. El objetivo del primer plan quinquenal (1949-1953) consistía en aumentar la producción de bienes de consumo, aunque fue revisado en 1950, en parte debido a la guerra de Corea, para dar prioridad a la industria pesada. Klement Gottwald murió en marzo de 1953 de un aneurisma y fue sucedido por Antonin Zapotocky.

Siguiendo el ejemplo de la URSS, Checoslovaquia llevo a cabo un rápido proceso de industrialización. La industria fue reorganizada, haciendose enfasis en los sectores metalurgico, minero y de maquinaria pesada. La produccion se concentro en las grandes unidades: las mas de 350000 unidades existentes en la preguerra se redujeron a cerca de 1700 en 1958. Entre 1948 y 1959 la produccion industrial aumento en un 233 por ciento, empleando al 44% de la fuerza laboral. Esta industrializacion fue especialmente acelerada en Eslovaquia, donde la producecion aumento en un 347% y el empleo en un 70%. Entre 1948 y 1957 la produccion industrial crecio en un 170%, situandose al nivel de Italia y Francia, por encima de Grecia y Austria, y cerca de Alemania Occidental y Japon. Por otra parte, la colectivizacion se completo en 1960, y para entonces las granjas estatales abarcaban el 16% de la tierra.

Tras la muerte de Zapotocky en 1957 la dirección del gobierno y del KSC fue asumida por Antonin Novotny, quien llevó a cabo una serie de reformas. En 1960 se establecio una nueva constirución, la cual declaro completada la transición hacia el socialismo. A su vez, Novotny dimitió en enero de 1968 y fus sustituido por Alexander Dubcek.

Tras los acontecimientos de 1968, Dubcek fue reemplazado por Ludvik Svoboda. Svoboda fue reelecto para la presidencia en 1973, pero renunció al año siguiente, y en su lugar fue elegido Gustav Husak.

Los ministerios de gobierno preparaban las directrices generales respecto al desarrollo económico. Esto se realizaba en conjunto con la Comisión de Planificación Central, que desarrollaba los objetivos que debían alcanzarse. Estos lineamientos se expresaban en planes económicos extensivos -que cubrían periodos de entre 15 y 20 años-, y por supuesto, en planes quinquenales. Desde 1969 los planes económicos realizados en la Republica Socialista Checa y la Republica Socialista de Eslovaquia eran producidos por comisiones de planeación propias, aunque los planes de la Comisión Central seguían siendo los principales. La agricultura seguía siendo un sector débil, aunque mejoro de forma significativa: para 1975 el sector casi había alcanzado la autosuficiencia en la producción animal y de cultivos; los sueldos aumentaban y la mecanización avanzaba rápidamente. La economía crecía en promedio a tasas de entre el 4 y el 7% al año. La producción industrial crecía entre el 14 y el 18% y la producción agrícola entre el 7 y el 10%. Los salarios crecían constantemente, y pese a ser pequeños, se trataba de aumentos reales.

A mediados de los 80 Checoslovaquia tenía una economía profundamente industrializada así como un alto nivel de vida. El sector industrial representaba el 59.7% de la producción nacional, la construcción el 11.2%, la agricultura y el sector forestal el 7.5%, y los demás sectores en conjunto el 21.6%. El 97.4% del ingreso nacional provenía del sector estatal, que empleaba el 99.8% de la fuerza laboral. El 95% de la agricultura funcionaba en cooperativas agrícolas y granjas estatales, abarcando 64000 kilómetros cuadrados (43000 las cooperativas y 21000 las granjas estatales), mientras las explotaciones individuales solo abarcaban 4040 y estaban ubicadas en su mayor parte en el norte de Eslovaquia. Igualmente, Checoslovaquia era, junto a la URSS, el único país de Europa oriental productor de centrales nucleares.

Igualmente, existía un sistema de seguridad social universal que otorgaba atención médica y medicinas gratuitas a todos. El personal médico aumento significativamente, pasando de 1 médico por cada 745 habitantes en 1954 a 1 por 278 en 1985, y aunque era menor en zonas rurales, había aumentado notablemente. En 1985 un cuarto de la población recibía algún tipo de pensión. Los beneficios de la seguridad social eran accesibles para todo mundo. La pensión promedio era de 1000 kcs al mes: la pensión de los trabajadores era de 1130 kcs, la de los campesinos de las cooperativas agrícolas era de 880 kcs, y la de los campesinos independientes de 720 kcs. La baja de maternidad duraba 6 semanas y se pagaba el 90% del sueldo.

Husak fue destituido el 10 de diciembre de 1989 por un golpe de Estado organizado por los sectores liberales del partido y grupos de disidentes conocido como ”revolución de terciopelo”, no obstante, la mayor parte del gobierno ya había dimitido el 24 de noviembre. Fue reemplazado por Milos Jakes, quien pese a defender la realización de reformas similares a la perestroika y hacer llamamientos a su implementación, se negó al dialogo con la oposición. A su vez, Jakes dimitió el 20 de diciembre y fue sustituido por Karel Urbanek, quien convoco elecciones anticipadas el 29 de diciembre –las primeras elecciones multipartidistas en 41 años-, en las que el disidente Vaclav Havel fue electo presidente. El dirigismo ideológico y la permisividad hacia la existencia de corrientes internas de Husak jugaron un papel clave en el colapso del orden socialista. Tras su dimisión, Husak fue expulsado del KSC en febrero de 1990, muriendo en noviembre de 1991 en el más absoluto ostracismo.

Tras la caída de la RSC, la situación económica se deterioro gravemente a consecuencia de la ”terapia de shock” implementada por el gobierno de Havel, lo cual provoco, entre otras cosas, una escalada abrupta de la inflación y un aumento drástico del desempleo. Igualmente, les fueron devueltos a los empresarios y terratenientes del periodo de entreguerras y a sus descendientes los bienes que les habían sido expropiados. Estos factores, aunados al retiro de las tropas soviéticas en 1991, influyeron en el resurgimiento del nacionalismo, y por lo tanto, del aumento de la popularidad del separatismo eslovaco. Finalmente Checoslovaquia se disolvió el 31 de diciembre de 1992, tras lo cual surgieron la República Checa y Eslovaquia como Estados independientes: huelga decir que continúo la privatización de la economía y el deterioro de las condiciones de vida.

 

 

 

 

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La biblioteca del comunismo alemán

Hace poco me encontré con esta información, la cual me pareció bastante interesante.

Tras la caída de la RDA a mediados de 1990 miles de libros y documentos fueron destruidos, muchos de los cuales acababan de imprimirse. Desde ese momento hasta ahora todo lo que haga referencia alguna al comunismo debe desaparecer, y digo ”hasta ahora” porque, entre otras cosas, el presidente del consejo económico del partido de Merkel, la CDU, Wolfgang Steiger, pidió cambiar el nombre a las 550 calles del este de Alemania que aún se llaman ”Karl Marx”, e igualmente ha habido peticiones de varios grupos políticos de derribar la estatua de Lenin en Schwerin (la última existente en el país).

No obstante, no todos los materiales corrieron con la misma suerte, pues hubo varios que si lograron ser rescatados y que actualmente se conservan en su mayoría en el Bundesarchiv (archivo estatal), que se encuentra en Lichterfelde, un barrio del suroeste de Berlin. Su sede es un antiguo cuartel militar estadounidense, y de hecho la biblioteca del archivo es la antigua iglesia donde se efectuaban los servicios religiosos para las tropas. Dentro del archivo existe un organismo encargado de custiodar las obras y documentos legado del pasado comunista llamada Fundación-Archivo de Partidos y Organizaciones de Masas de la RDA (SAPMO por sus siglas en alemán), que fue creado en 1992.

Los ejemplares se encuentran custodiados en un edificio gigantesco de hormigón en el que el Bundesarchiv almacena hasta 1.7 millones de libros. No todos son de la fundación de la RDA, además de que antes de que se escribiera la ley que determinaba el destino de las obras, varias empresas estatales se deshicieron de parte de sus archivos, de ahí que solo una parte del contenido llegara a las bibliotecas de las empresas y organizaciones estatales. En total, las distintas actas -que aparte de incluir los archivos estatales en sí, también recogen documentos personales de líderes del SED como Walter Ulbricht y Erich Honecker- suman 11.5 kilómetros : tan solo la biblioteca del antiguo Instituto para el Marxismo-Leninismo se compone de mas de 6000 obras.

Para consultar los títulos recogidos en el archivo hay que hacer una petición por escrito, pues la mayor parte se encuentran en el almacén, que no está abierto al público. La consulta, online, se realiza mediante la página del archivo nacional. Obviamente para acceder a estos documentos hay que saber alemán (pues los mismos no son precisamente promocionados por la clase dirigente alemana, por razones mas que evidentes).

Mas información aquí

Bundesarchiv

SAPMO

Propaganda soviética en el Cáucaso y Asia Central (1918-1940)

El año pasado en Moscú tuvo lugar una interesante exposición sobre la Historia Soviética en Asia Central y el Caúcaso, titulada “Poster del Este Soviético: 1918-1940,” que mostraba 241 carteles de propaganda dirigidos a la población musulmana de la Unión Soviética, con exhortaciones a la salud pública, la industrialización, a la liberación de la mujer o la conciencia de clase, entre otros temas.

Los carteles se dirigen a las regiones donde el Islam es la religión mayoritaria, en un intento de atraer a los musulmanes hacia el Socialismo. Para transmitir las ideas revolucionaras, los ilustradores utilizan tanto la lengua rusa como las lenguas locales, como el azerí, el tártaro, o el kazajo.

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2 años de la revolución bolchevique. Kazan, 1919

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2 años de revolución bolchevique. Kazan, 1919

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”La vida en el este es tranquila”. Ruso y azerí, 1920

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”Con su poderosa unión, los obreros y los campesinos destruyen a los opresores”. Azerí, Baku, 1920

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”¡Campesino! ¡No elijas a esta gente! Ellos fueron tus enemigos y siguen siéndolo”. Tayiko, Tashkent, 1920

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”Trabaja duro para producir locomotoras”. Ruso y uzbeko, Tashkent, 1920

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”Con agua y sol tendrás comida”. Ruso y uzbeko, Tashkent, 1920

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”El que no trabaja no come”. Uzbeko, Tashkent, 1920

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”Mujer musulmana: el zar, el bey y el kan te quitan derechos”. Azerí, Baku, 1921

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”No abandones tu cama hasta 7 días después del parto”. Ruso y tártaro, Kazan, 1927

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”Trabajadores y campesinos: no dejen que ellos destruyan lo que ustedes han construido en estos 10 años”. Ruso y uzbeko, Tashkent, 1927

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”Pese al aumento de la industrialización de las granjas, no podemos prescindir del caballo”. Ruso y uzbeko, Tashkent, 1933

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”Lenin llamaba a trabajar duro”. Kazajo. Tashkent, 1930

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Club. Tártaro (alfabeto árabe y latino)

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”Mantener la disciplina del trabajo en las granjas colectivas”. Uzbeko, Tashkent, 1933

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Para los sóviets orientales. 10 aniversario del Ejército Rojo. Ruso y uzbeko, Tashkent, 1928

Tomado de: http://imbratisare.blogspot.mx/

23 aniversario del golpe de Estado en Moscú

Hace ahora diez años (en 2014 21 años), el 21 de septiembre de 1993, el presidente ruso Yeltsin, que había sido elegido en 1991 y cuyo mandato terminaba en 1996, disolvía el poder legislativo y judicial y asumía dictatorialmente todos los poderes del Estado. Pese a la deliberada confusión con que los hechos fueron presentados por la prensa internacional, su acción no era distinta de la realizada por Hitler en los años treinta: en 1993, Yeltsin protagoniza un sangriento golpe de Estado que inaugura la vía golpista hacia el capitalismo en Rusia. En esos días, los aliados de Yeltsin son los nuevos liberales rusos, enriquecidos con el expolio de la propiedad pública soviética, las cancillerías occidentales, con Washington en primer término, y los generales rusos traidores y los soldados comprados con el dinero sucio del latrocinio: ellos son los encargados de terminar con la resistencia al golpe de Estado. El proclamado amor a la libertad y a la democracia que Occidente enarbolaba es sacrificado ante la ferocidad golpista: ningún país capitalista protestará por las matanzas, ninguno acusará a Yeltsin, ninguno preguntará por el bombardeo del Parlamento -gravísima acción que no se había producido en Europa, al menos, desde el final de la II Guerra Mundial-, y nadie amenazará con sanciones o represalias, aunque el nacimiento de la nueva Rusia capitalista esté plagado de crímenes y mentiras.
El golpe de Estado es el segundo acto del drama con que la coalición liberal representada por el grotesco borracho Yeltsin acaba con el socialismo soviético: el primero había sido la ilegal disolución de la URSS, decidida en 1991 por tres presidentes conspiradores -Yeltsin, Kravchuk y Shuskievich- y sancionada por el presidente estadounidense Bush, con quienes estaban en contacto los tres confabulados. Dueño del poder, desde 1992, Yeltsin había impulsado con el ministro Gaidar la terapia de choque para liquidar la economía socialista, y, todavía sin declararlo abiertamente, para instaurar el capitalismo en el país. Sin detenerse ante nada, inmune al sufrimiento de la población, la delirante política de su gobierno, que recibe apoyo y asesoramiento norteamericano, destruye la industria soviética y entrega la propiedad pública a sus allegados y a los nuevos tiburones financieros que medran en el desastre creado por la reforma, mientras vende al mundo la fantasía para devotos de que sus objetivos son la consolidación democrática y la defensa de la libertad.

Así, el desmembramiento de la URSS, uno de los objetivos de la política de Washington, es presentado a la población rusa como una consecuencia de la reforma, imprescindible para aumentar el nivel de vida de los ciudadanos: Rusia sólo prosperaría, afirmaban, si acababa con la unión con las otras repúblicas soviéticas que nada le había aportado. La increíble incompetencia y mala fe del equipo de Yeltsin y de los asesores norteamericanos y del Fondo Monetario Internacional, hicieron el resto: el hundimiento de la producción, el desmantelamiento industrial, el robo de los ahorros de la población en oscuras operaciones de “inversión”, la privatización y destrucción de los servicios públicos de la sanidad y la enseñanza, el abandono de los jubilados, el hambre y la marginación, llevaron a la muerte a decenas y decenas de miles de personas, en un proceso cuyas desastrosas dimensiones aún están en gran parte por estudiar y que sigue afectando negativamente a la vida de centenares de millones de personas.

Sin embargo, en 1992 y 1993, esa política de los nuevos liberales rusos agrupados en torno a Yeltsin y confiados en el apoyo de Washington, suscitaba resistencias: así, desde el Partido Comunista, que se reorganiza con muchas dificultades, hasta otras formaciones de izquierda, pasando por sectores nacionalistas, quienes impugnan el rumbo de las reformas y la delirante terapia de choque, confluyen a lo largo de 1993 en las protestas que amplifican socialmente los debates del Parlamento ruso. Los desastrosos resultados de la política del gobierno ruso son tan evidentes que incluso antiguos aliados de Yeltsin, como Aleksandr Rutskoi, vicepresidente de Rusia, y Ruslán Jasbulatov, presidente del Parlamento, pasan a las filas de la oposición.

En ese marco, a lo largo del verano de 1993, algunos notorios asesores de Yeltsin especulan con la posibilidad de dar un golpe de fuerza, y hasta proclaman su admiración por la figura del general chileno Pinochet. Yeltsin, hastiado de la oposición que encuentra su política y dispuesto a acabar con las protestas callejeras y parlamentarias, hace entrar en el gobierno, de nuevo, al padre de la desastrosa terapia de choque, Gaidar, cinco días antes de protagonizar el golpe de Estado del 21 de septiembre de 1993. No era casual. Ante el Parlamento, Gaidar proclama su intención de aplicar una dura política de estabilización financiera y de acabar con la oposición a la reforma liberal. El mayoritario rechazo que las palabras de Gaidar suscitan en la cámara, el temor a que crezca la protesta en las calles, junto con las cada vez más importantes iniciativas de reunificación que aparecen en las distintas repúblicas que habían surgido en el antiguo territorio soviético, separadas desde hacía menos de dos años, y la convicción de que los intereses norteamericanos -explícitamente defendidos por sus diplomáticos en la propia capital rusa- apuestan por la definitiva ruptura del antiguo espacio soviético, convencen a Yeltsin de que es necesario dar un golpe de fuerza, persuadido de que será acogido con comprensión en Washington y en Londres, en París y en Berlín.

El 21 de septiembre, Yeltsin disuelve el poder legislativo y el poder judicial. Como no podía ser menos, el Tribunal Constitucional ruso proclama que el golpe de Estado es ilegal, y muchos diputados empiezan a concentrarse en el Parlamento para oponerse a su disolución. Tres días después, el Parlamento es rodeado por diez mil soldados del Ministerio del Interior, y empieza una resistencia desesperada: los diputados permanecen sin electricidad, sin agua, sin alimentos. En un bloque sin fisuras, los medios de comunicación rusos, en poder de Yeltsin, y la prensa internacional, presentan a quienes resisten como un sindicato de comunistas y fascistas, que pretenden acabar con la libertad en Rusia, y, para demostrarlo, muestran al mundo a unas decenas de nazis que saludan brazo en alto en los aledaños del Parlamento, y que, en la confusión y la tensión de aquellas horas y cometiendo un grueso error de cálculo, son tolerados por quienes resisten en el interior. Aquellos nazis de la oscura Unidad Nacional Rusa, dirigidos por Alexandr Barkashov, eran, como se sabría años después, los títeres de una calculada provocación: Barkashov estaba relacionado con el banquero Gusinski y con el alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov, ambos aliados de Yeltsin y beneficiarios del robo de la propiedad pública. Aquellos nazis que tan útiles fueron para desprestigiar la resistencia al golpe de Estado de Yeltsin, cobraron sus servicios trabajando después en el servicio de seguridad del presidente ruso. Cuando empezó la matanza, desaparecieron. De esa forma, quienes protagonizan el golpe de Estado son convertidos por la prensa internacional en la garantía de la libertad en Rusia, y quienes resisten al atropello son tildados de liberticidas.

Mientras una parte de los diputados continúa resistiendo en el interior del Parlamento, y Yeltsin estudia los pasos a dar, las protestas callejeras proliferan: el 2 de octubre la expeditiva actuación de la policía causa decenas de heridos entre los manifestantes contrarios a Yeltsin, y, al día siguiente, decenas de miles de personas rompen el cerco levantado por las tropas de Yeltsin ante el Parlamento. Las banderas rojas aparecen en las precarias barricadas y, de nuevo, se oye en las calles de Moscú el grito de “¡Todo el poder a los soviets!”, y la protesta contra el golpe lleva a decenas de miles de personas ante la televisión estatal, que lleva varios días manipulando la información que ofrece a la población. Allí, los manifestantes son recibidos a tiros y Yeltsin, ante el sesgo que toman los acontecimientos, decide sacar los tanques, aunque dispone también que esté preparado un helicóptero para asegurar su huida, si sus propósitos se tuercen. La matanza se ha iniciado: ese mismo día se cuentan cincuenta muertos entre los manifestantes que habían ido a protestar ante la televisión, y aunque decenas de miles de manifestantes toman las calles de Moscú lo cierto es que no podrán impedir el triunfo del golpe de Estado.

Yeltsin, con ferocidad, proclama la necesidad de “barrer la basura bolchevique”, al tiempo que la prensa internacional, con el silencio cómplice de los gobiernos occidentales, hace creer a la opinión pública mundial que el golpe de Estado yeltsinista no es tal: los periódicos europeos y estadounidenses llegan a afirmar que los manifestantes de las calles de Moscú están poniendo en marcha un golpe de Estado comunista, y hablan del supuesto “temor a la vuelta del comunismo”, sin olvidar resaltar la presencia de nazis entre los resistentes del Parlamento. De esa forma, pueden afirmar que los demócratas -es decir, los golpistas de Yeltsin- están librando un combate a muerte contra sus viejos enemigos, comunistas y nazis. Los vendedores de mentiras cierran el círculo del engaño, y el diario español El País, por ejemplo, en un alarde de deshonestidad informativa, habla en un editorial de “rebelión nacional-comunista”, en un interesado lenguaje que hermana así a quienes protestan en Moscú con el nacional-socialismo alemán, aunque el periódico dispone de información fidedigna de lo que realmente está ocurriendo en la capital rusa.

Con los cadáveres de tantos manifestantes todavía calientes, Yeltsin consulta a Clinton el asalto a la sede parlamentaria rusa, y ordena el acoso final: el 4 de octubre empieza el bombardeo del Parlamento, que dejará horrorizado al mundo. Los tanques y blindados disparan contra el gran edificio donde intentan resistir los diputados y una gran humareda se eleva sobre toda la ciudad. Treinta mil soldados son movilizados, mientras Yeltsin anuncia la ilegalización de 14 organizaciones, entre ellas el Partido Comunista ruso, así como la intervención de sus sedes y la congelación de sus recursos. El periódico comunista Pravda es clausurado. Horas después, más de cien personas han sido asesinadas en el Parlamento bombardeado, y se empiezan a ocultar las estremecedoras imágenes que evocan el bombardeo del Palacio de la Moneda chileno donde resistía el presidente Allende en 1973. Doce horas después del inicio del bombardeo, quienes resisten en el Parlamento en llamas, se rinden. Hoy, diez años después, las cifras de muertos y heridos siguen siendo secreto oficial. Con premonitorio desparpajo, el presidente norteamericano Clinton proclama ante el mundo que el asalto al Parlamento era “inevitable para garantizar el orden”, mintiendo desvergonzadamente. El golpe de Estado ha triunfado, y la vía golpista al capitalismo confirma que nada detendrá a sus inspiradores, en Moscú o en Washington.

Todos los protagonistas del momento cumplen con su papel: el presidente norteamericano Clinton no tiene reparo en afirmar que la violencia es responsabilidad de quienes se oponen al presidente ruso, porque, según él, la mayoría del país apoya a Yeltsin, aunque dispone de información precisa de la matanza de Moscú ordenada por el presidente ruso. Para el mandatario norteamericano es vital que Estados Unidos y la “comunidad internacional” apoyen a Yeltsin, y, sin pérdida de tiempo, sus hombres se mueven en las cancillerías: Ucrania, Alemania, Francia, la Comunidad Europea, todos respaldan a Yeltsin. También Vaclav Hável, presidente checo, y el gobierno español. Entre las grandes potencias, solamente China muestra su preocupación por el golpe de Estado en Moscú. En España, ante la evidente complicidad de la derecha y del gobierno socialdemócrata de Felipe González, que siguen fielmente las directrices proclamadas desde Washington, apenas se escucha la voz de Julio Anguita, secretario general del PCE, que es tajante y preciso: “Occidente se ha manchado las manos de sangre”.

Después, con el poder de Yeltsin consolidado tras la matanza, llegará la censura, la detención de miles de personas, las torturas, el estado de excepción, las elecciones falseadas, primero con el propio Yeltsin, después, con Putin. La imposición definitiva del capitalismo de bandidos en Rusia es apoyada por Estados Unidos y por la Comunidad Europea, mientras los vendedores de mentiras siguen insistiendo en que la angustiosa situación del pueblo ruso y de las otras repúblicas de lo que fue la URSS es fruto de la herencia comunista y no una consecuencia directa de la criminal política de reformas capitalistas iniciada en 1992 e impuesta con el golpe de Estado de 1993.

En el desenlace de la crisis, la vía golpista al capitalismo que Clinton saluda con satisfacción permite la consolidación del poder de los nuevos liberales rusos, la imposición definitiva de la reforma capitalista y la ruptura del espacio estratégico soviético, al tiempo que permite acariciar a Washington la idea de ampliar su zona de influencia a las repúblicas periféricas de la antigua URSS. Mientras la sangre corría aún por las calles de Moscú, y cuando todavía se escuchaban la voz falsaria de Yeltsin prometiendo libertad y prosperidad, la población rusa iniciaba un amargo camino hacia la normalidad capitalista.

Tomado de: http://www.aporrea.org/actualidad/a4833.html

República Popular de Mongolia

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Nombre oficial: Бүгд Найрамдах Монгол Ард Улс (Bügd Nairamdah Mongol Ard Uls)
Capital: Ulan Bator
Superficie: 1,564,116 km²
Moneda: Tugrik (100 möngö)
Población: Con 901,200 habitantes, los mongoles khalkha constituían el 75.3% de la población. Otros grupos mongoles eran los derbets (34,700 hab.), baits (25,500), zahchins (15,000), olots (6,900) y torguts (7,100). Los khalkha y los dariganga, que están emparentados con estos, habitan principalmente en el centro y oriente del país, mientras los derbets, baits, zahchins, olots y torguts habitan principalmente enlas zonas occidentales. En el norte habitan mongoles hablantes de buriato (29,800), y el noroeste está habitado por kazajos (62,800) y tuvinianos (15,700). Los rusos (22,100) se concentran en las ciudades de Selenga, Hovsgol y Bulgan, asi como en las zonas del centro.
Densidad: 1.5 habitantes por kilómetro cuadrado
Idioma (s) oficial (es): Mongol, ruso, chino, kazajo
Presidente: Navaandorjiin Jadamba (primero, 1924), Punsalmaagiin Ochirbat (último, 1990-1992)
Primer ministro: Balingiin Tserendorj (primero, 1923-1924), Dashiin Byambasüren (último, 1990-1992)

El siguiente post tiene como objetivo hablar de la República Popular de Mongolia, una de las experiencias revolucionarias mas desconocidas (por no decir que la mas). Mucho se habla sobre los países socialistas de Europa, África, Cuba y el corto régimen de Nicaragua, pero casi nunca de Mongolia, un aliado estratégico de la Unión Soviética que bien podría haber sido usado como escudo o como puerta hacia China.

Antecedentes

Investigaciones arqueológicas muestran que los rastros más antiguos de establecimientos humanos en Mongolia datan de mediados del Paleolítico Inferior, entre 200000 y 130000 años antes de la era común, en zonas del sur de Gobi. Sitios del Paleolítico Superior encontrados en el centro de Gobi y zonas aledañas, que tienen entre 40000 y 12000 años de antigüedad, revelan la adopción de un sistema de clanes matriarcales. Parece que su hábitat original se situaba en las llanuras al sureste del lago Baikal, aunque algunos grupos se extendieron al norte del mismo, en la taiga siberiana, donde vivían de la caza. Su forma de vida motivó la extremada sencillez de las sociedades mongolas. En el Neolítico, que tuvo lugar entre el quinto y el tercer milenio a.c, la caza y la pesca se convirtieron en las principales actividades.

Agrupados en tribus, vivían en tiendas que transportaban consigo en sus desplazamientos en busca de nuevos pastos, no practicaban la agricultura ni tenían ciudades o asentamientos permanentes. Practicaban cultos paganos, siendo el chamanismo y la veneración de los fenómenos naturales sus principales prácticas religiosas. A mediados de la edad de bronce y comienzos de la edad de hierro, los mongoles comenzaron a practicar la crianza de animales y la ganadería y se introdujo el trueque.

Estas circunstancias motivaron el que los mongoles raramente fundaran Estados. Como otros pueblos nómadas, los mongoles eran excelentes arqueros y jinetes: en el siglo 3 a.c se establece una organización de clanes patriarcales sobre la base de la equitación. Convertidos en una fuerza guerrera, su extremada movilidad y velocidad hacía de ellos una seria amenaza para cualquier ejército, gracias a lo cual consiguieron fundar efímeros Estados en diversas épocas, como el reino de Yen (siglo IV), el imperio juan-juan (siglos V y VI) o el de los kitan (siglos X y XI) al norte de China, o el de los kara-kitai (siglos XI y XII) en Asia Central. El primero de esos Estados fue, supuestamente, el kanato de Zhuzhan, que existió de los siglos IV a VI a.c. A causa de la inestabilidad interna y de la presión de otros nómadas, frecuentemente azuzados por el imperio chino, estos Estados solían desaparecer rápidamente, y las tribus mongolas volvían a su existencia errante. Por otra parte, el periodo del Estado kitan, también conocido como imperio Liao, constituyo la etapa final de la transición al feudalismo: tras su colapso en 1125 comenzó la formación de los principales kanatos y principados mongoles.

Imperio mongol

Los hunos, un pueblo de origen turco, fueron expulsados al oeste por la dinastía Han de China (206-220) y crearon un imperio nómada en Asia central que comenzó a expandirse a Europa: bajo el liderazgo de Atila llegaron a Roma, sin embargo tras su muerte comenzaron a replegarse. En 1196, Temijin, jefe de uno de los clanes mongoles, fue electo khan (soberano) por el kurultai (asamblea) de las tribus: en pocos años sometió a todas las tribus turcas y mongolas (hunos, syan’pi, zhuzhans, uigures, kirguises, kitans y otros) asentadas alrededor del Baikal, y en 1206 fue proclamado khagan (soberano supremo) por todas las comunidades y adopto el nombre de Gengis Khan (soberano universal). La capital del nuevo Estado fue establecida en Karakorum. Su política domestica se baso en la centralización de la administración estatal de acuerdo al interés de los señores feudales y los noions (nobleza) y en consolidar su poder.

El Imperio se dividía en distritos militares, y los jefes del ejército, miembros del gran consejo imperial, se encargaban también de la administración, auxiliados por una numerosa y eficiente burocracia, escogida de entre los pueblos sometidos. Gracias a la cuidadosa planificación de sus consejos militares (llamados kurultaí) y a los excelentes reconocimientos del terreno que realizaban en sus veloces caballos, la victoria no tardaba en llegar. Los hombres eran repartidos en nuevas unidades, rompiendo las tradicionales agrupaciones tribales, lo que daba cohesión al conjunto, reforzado por la presencia de los 10.000 bahadur, la guardia personal del Khan. La movilidad y sobriedad de este ejército y la organización de un eficaz sistema de correos (yam) permitían desplazar rápidamente grandes contingentes de tropas a lo largo de enormes distancias y concentrarlas por sorpresa contra el enemigo, con efectos devastadores.

Por otro lado, la yassa era la ley imperial que daba cohesión y organizaba el conjunto de las Instituciones del Imperio. La soberanía era electiva dentro de la familia de Gengis Khan, cuyos miembros acaparaban los máximos poderes civiles y militares. La cancillería imperial y el tribunal supremo eran dirigidos por mongoles.

Sus guerras de conquista comenzaron en 1211: sus primeras víctimas fueron los Jin, enemigos de los Song del sur. Cuando el gobernante de Turfán -ciudad oasis situada en la actual región autónoma de China- se sometió a la autoridad de los mongoles, Gengis Kan no sólo perdonó la vida a su pueblo, los uigures, sino que además éstos se pusieron a trabajar para los mongoles y se convirtieron en el motor de su burocracia, enseñando a leer y escribir al pueblo nómada, que hasta entonces había sido analfabeto.

En 1213 llegaron a la Gran Muralla y 2 años después entraron en China septentrional: en 1215 sometieron a los Jin y saquearon Pekin. Una vez que conquistaron a los Jin, se dirigieron hacia el imperio musulmán de Hwarezm, territorio que abarcaba el oeste de China y el Mar Caspio.

Luego Gengis Kan se dirigió hacia el norte, hasta llegar a Rusia, donde su ejército se dividió en dos y conquistó Georgia y Crimea. En su camino de vuelta hacia Mongolia derrotaron a un ejército ruso dirigido por seis príncipes, incluido el gobernante de Kiev. Como era costumbre en la tradición mongola, los príncipes fueron ejecutados sin derramar ni una gota de sangre: murieron aplastados bajo el peso de la mesa de banquete en la que los generales mongoles celebraron su festín victorioso.

En 1209 sometieron el reino tungús de Xixia, después conquistaron el norte de China hasta Pekín (1215). Gengis Khan obtuvo el vasallaje pacífico de los kara-kitai (1218) y atravesó sus tierras en 1221 para conquistar el sultanato turco musulmán de Hwarizm (noreste de Irán). Combinando la tolerancia con las poblaciones sometidas pacíficamente y la mayor crueldad con los enemigos vencidos, convirtió el terror en un arma tan eficaz como su ejército. Sus lugartenientes Subotay y Djebe realizaron una incursión al sur de Rusia, venciendo a los cumanos y los rusos en Kalka, en 1223. En 1225 Gengis regresó a China, donde volvió a luchar contra los Jin para someterlos de nuevo. Al cabo de poco tiempo, Gengis Kan murió: nadie sabe cómo. Algunos dicen que cayó de un caballo. Otra leyenda cuenta que fue asesinado por una bella princesa tangut: cuando estaban a punto de hacer el amor, lo castró con un cuchillo que llevaba escondido en la ropa interior como venganza por haber exterminado a su pueblo.

Tras su muerte en 1227, su imperio, que se extendía desde Manchuria hasta el Mar Caspio, estaba repartido entre sus hijos bajo la soberanía del Gran Khan. En 1229 la asamblea de los noions eligió para el puesto a su hijo Ogodei, quien continuo las conquistas mientras organizaba el imperio. El imperio Km del norte de China fue totalmente conquistado (1234), así como gran parte de Persia (1239). Batu, sobrino de Ogodei, acompañado por Subotay y Mangu, marchó sobre Occidente, destruyendo a los búlgaros del Volga (1236), aplastando a los rusos y tomando Kiev (1240). Atacó entonces Polonia, Hungría y Alemania, llegando hasta el Adriático (1241). Pero cuando iba a atacar Viena, la noticia de la muerte de Ogodei le hizo volver rápidamente a Karakorum para reclamar su derecho al trono. Tras un periodo de minorías y regencias (1241-51), durante el reinado de Mangu Khan (1251-59) el imperio alcanzó su máxima extensión. Su hermano Hulagu, gobernador de Persia, acabó con la secta de los asesinos (1256) y conquistó Irak, ejecutando al último califa de Bagdad (1258), pero fue vencido por los mamelucos de Egipto en Am Yalut (1260).

Kublai, otro hermano de Mangu, encargado de la conquista del Imperio chino de los Song, fue elegido Gran Khan (1260-1294). En seguida trasladó su capital a Pekín, llamada Kanbalik. Desde allí completó la conquista de toda China (1279) y fundó la dinastia Yuan, enviando expediciones contra Japón, Indochina e Indonesia. Bajo su reinado y el de sus sucesores, el Imperio chino-mongol alcanzó una gran prosperidad, gracias al orden interno y a que la tolerancia y la pax mongólica impuestas sobre gran parte de Asia favorecían enormemente el intercambio de ideas y mercancías. Fue en esta época cuando el famoso viajero veneciano Marco Polo llegó a la corte del Gran Khan, donde recibió cargos y honores. También llegaron otros comerciantes y misioneros, como el franciscano Ruysbroek. Pero también en esta época comenzó la disolución del inmenso Imperio. La smización del Khan y de la dinastía Yuan creada por él  hizo que otros miembros de la familia se rebelaran contra su autoridad. Su nieto Kaidu fundó un kanato independiente en Asia central, que fue sometido por Timur (1295-1307), sucesor de Kubiai, que no pudo impedir sin embargo la pérdida de control sobre los khanatos occidentales. La propia dinastía Yuan fue derrocada en China por los Ming (1368) y sus descendientes se retiraron de nuevo a Mongolia.

En 1260 el imperio se había convertido en una federación de khanatos bajo la autoridad, cada vez más teórica, del Gran Khan, frecuentemente enfrentados entre sí. En Asia central, el kanato de Chagatay, tras una fase de expansión, comenzó su declive a la muerte de Kaidu (1301), mientras se turquizaba e islamizaba progresivamente. Tras sufrir el embate de Tamerlán (finales del siglo XIV) y la presión de los rusos, se dividió en varios khanatos que fueron progresivamente absorbidos por el Imperio ruso (siglos XVI-XX). Al oeste, el khanato de Qipchak o de la Horda de Oro, en Siberia occidental, impuso su autoridad a los principados rusos y llegó a amenazar a Bizancio: islamizado superficialmente, se alió con los mamelucos, ayudando a su victoria en Am Yalut. Debilitado por la rebeldía de los príncipes de Moscú (1380) y la derrota a Tamerlán (1395), perdió definitivamente el control sobre Moscovia en 1480, y se escindió en los khanatos de Kazán, Astrakán y Crimea. El último de ellos logró resistir el expansionismo ruso hasta fines del siglo XVIII.

Las conquistas de Hulagu en Persia llevaron a la fundación del Imperio de los llkharies o Iljanes. Éstos, tras algunos intentos de alianza con la cristiandad europea contra los mamelucos y los príncipes musulmanes de Siria, acabaron convirtiéndose al Islam a finales del siglo XIII. Esto no impidió la disgregación de su imperio tras la muerte de Abu Said (1335).

En 1360, el turco Tamerlán (Timur Lenk, «el cojo») se proclamó descendiente de Gengis Khan y unificó a las tribus turcas y mongolas de Asia central. En una serie de campañas devastadoras sometió a su autoridad toda Persia, el khanato de Qipchak (1396), el norte de la India (1399) y el sultanato otomano de Asia Menor (1402). Pero a su muerte (1405), su gran Imperio, con capital en Samarcanda, se desintegró rápidamente. Un descendiente suyo, Babar, conquisto Kabul en 1504 con ayuda de los uzbekos y fundó en 1506 el Imperio mogol de la India, que gobernaría durante dos siglos la mayor parte del subcontinente, hasta ser sometido por los ingleses entre los siglos XVIII y XIX.

El imperio mongol se había fragmentado en una multitud de kanatos y principados independientes, que requerían mercados para obtener productos agrícolas y ganado para subsistir. Es en este periodo de fragmentación cuando el feudalismo se asienta como la base social, política y económica de la sociedad: el sistema estatal de propiedad de la tierra y el sistema de subsidios condicionales, que existían desde que existía el imperio, sentaron las bases . Al mismo tiempo, China podía proveer dicho mercado, pero no tenia interés en ello, por lo que Mongolia llego al punto de la crisis económica. Los líderes mongoles intentaron establecer relaciones comerciales con China. Los señores feudales de Mongolia occidental (oirats) estaban separados de China por largas distancias así como de los principados de Mongolia oriental (khalkhas), por lo que estaban en seria desventaja: a consecuencia de ello tuvieron lugar disputas entre los señores feudales del este y del oeste por las rutas de comercio hacia China.

Durante el siglo XV hubo intentos de detener el proceso de fragmentación y restablecer un Estado mongol unificado, el primero fue de parte del líder oirat Esen Khan (1440-1455) y el segundo del líder khalkha Daian Khan (1479-1543), sin embargo ambos intentos fracasaron, pues los Estados creados se desmoronaron tras la muerte de sus fundadores a consecuencia de que no existían las condiciones sociales y económicas para que la unión se llevara a cabo. Tras la muerte de Daian Khan, Mongolia fue dividida en Mongolia meridional y septentrional bajo la separación del desierto de Gobi. A su vez, Mongolia septentrional fue dividida en Mongolia occidental (Oirat) y oriental (Khalkha) con la frontera entre ambas alrededor de los montes Altai. Estas divisiones trajeron consigo la formación de grupos nacionales que hablaban lenguas distintas, lo cual supuso una ruptura con la línea de desarrollo histórico: en el siglo 16 había más de 200 kanatos y principados en Mongolia.

En el último cuarto del siglo XVI los príncipes y khanes khalkha se convirtieron al budismo: los príncipes de Mongolia occidental se convirtieron a mediados del siglo XVII, y poco después el budismo se convirtió en la confesión mayoritaria y fue declarada religión de Estado. Con el tiempo surgió entre ellos una clase de grandes terratenientes.

A mediados del siglo XVI y principios del XVII tuvo lugar la expansión de los manchúes, quienes crearon el Estado de Nurhachi en el noreste de China. Las agresiones contra Mongolia comenzaron a comenzaron a principios del siglo XVII, cuando aprovechando su debilidad, Manchuria ataco y conquisto el kanato de Chahar (1634), el mayor en Mongolia meridional: en 1636 los noions de Mongolia meridional se sometieron al gobernador manchú Abahai (1626-1643). Un Estado oirat fue establecido en Mongolia occidental en la década de 1630. En 1640 tuvo lugar una asamblea en Zungaria con el objetivo de unificar a los distintos feudos para repeler la agresión manchú: esta unidad tuvo una vida muy breve. Especialmente agudo fue el conflicto entre el kanato Oirat y los noions khalkha, apoyados por los manchúes.

Pese a la resistencia opuesta, Mongolia, que aun no había superado la fragmentación feudal, acabo sucumbiendo ante los manchúes, en parte debido a la traición de un sector del alto clero lamaísta y de los señores feudales: en 1688 los señores feudales khalkha y el khan oirat Galdan se sometieron a la dinastía Qing, fundada por los manchúes en 1644 tras haber conquistado Pekin, que les había prometido protección contra los oirats. La ocupación se formalizo en 1691 con la asamblea de noions de Donnor en donde se estableció la división del país en Mongolia interior y exterior: la ocupación china de Mongolia duraría casi 300 años.

Para mantener el control de Mongolia, el gobierno chino promovió la continuidad y el refuerzo del feudalismo, lo cual sería un factor determinante para mantener al país aislado. Los señores feudales y los líderes religiosos se convirtieron en la principal base de apoyo a los ocupantes. A consecuencia de ello, los mongoles se encontraron bajo un sometimiento doble: por un lado el de los conquistadores y comerciantes chinos, y por otro el de sus propios señores feudales, dando como resultado el empeoramiento en las condiciones de vida -ya de por si duras- de los arats (campesinos y obreros agrícolas), quienes constituían la mayoría de la población, y provocando el estancamiento económico del país. Pese a que el campesinado mongol pasaba menos dificultades y privaciones que otros campesinos de Asia, sufría de un fuerte atraso debido a que la tierra era propiedad de los señores feudales, el clero, así como de terratenientes chinos: a esto hay que sumar el aislamiento al que había sido sometido el país, así como la práctica de la usura, tanto por parte de los comerciantes chinos como de los señores feudales mongoles, situación que era reforzada por los cambios culturales que tuvieron lugar y por la actitud de obediencia acrítica promovida por el budismo entre la población.

Durante este periodo tuvieron lugar en Mongolia una serie de levantamientos anti-chinos, pero debido a que estaban poco organizados, eran minoritarios y espontáneos, y tenían lugar en zonas aisladas, no tuvieron ningún efecto entre la población y no tardaban en ser sofocados. El más grande de estos alzamientos (no tanto por el numero de fuerzas que participaron en la misma, sino por su duración) fue la rebelión de 1755 a 1758 dirigida por el noion khaklha Chingunjav y el príncipe oirat Amursana que tuvo lugar en Zungaria y que conto con el apoyo tanto de los noions khalkha como de los arats, siendo establecido el kanato de Oirat, que entablo relaciones con Rusia: no obstante, debido a la falta de organización del movimiento, así como de la colusión de algunos noions con las autoridades chinas, el mismo fue aplastado en 1758 por el gobierno chino, que acabo con el Estado Oirat, asesinando a 1 millón de personas. China reforzó el aislamiento de Mongolia, prohibiéndole el comercio con Rusia (que no sería restaurado hasta la década de 1860) y expulsando de Mongolia a los comerciantes rusos.


A mediados del siglo XIX y principios del XX el colonialismo occidental en Asia debilito considerablemente la influencia de la dinastía Qing. Esto provoco que China se enfrentara a la perspectiva de ser desmembrada entre las potencias occidentales y Japón, cada uno compitiendo por su propia esfera de influencia sobre el país. De este modo, Mongolia se convirtió en el principal objetivo de las grandes potencias de la época, siendo ambicionada principalmente por Rusia y Japón, aunque Inglaterra, Alemania y Estados Unidos también estaban interesados.

Por otra parte, la ocupación rusa de la península de Liaodong en 1898 y del norte de Manchuria en 1900 hicieron que el gobierno chino considerara al imperio ruso como la mayor amenaza a su integridad territorial. Debido a ello, en la primera década del siglo XX el emperador Puyi empezó a aplicar la política llamada ”Nueva Administración” consistente en la chinización de Mongolia Exterior por medio de la colonización, la explotación de sus recursos y el establecimiento de bases militares. Los mongoles veían a la ”Nueva Administración” como una amenaza a su forma de vida tradicional, que se acordó seria respetada cuando se sometieron a la autoridad china, lo cual, sumado a la colonización económica del país y por ende al debilitamiento de la economía mongola, hicieron que los mongoles apoyaran cada vez más la idea de independizarse.

Dicha política provoco la resistencia no solo de los arats, sino también de los noions, cuya posición dominante se veía en peligro: esto, sumado a la posibilidad de que ello supusiera una colonización china similar a la llevada a cabo en Mongolia Interior en el siglo XIX, hizo que la nobleza mongola empezara a buscar apoyo del imperio ruso. De este modo, la independencia se convirtió en el objetivo principal: en julio de 1911 un grupo de señores feudales khalkha persuadieron al Buda viviente Jebtsundamba Khutuktu VIII, líder espiritual del budismo mongol, de apoyar la independencia, acordándose el envió de una delegación mongola a Rusia para buscar apoyo ruso. Por otra parte, la revolución rusa de 1905 y los alzamientos que tenían lugar en distintas partes de China contribuyeron al fortalecimiento de los movimientos de resistencia en Mongolia, por lo que los alzamientos se volvieron cada vez más frecuentes: en el distrito de Kobdo en el sureste de Mongolia exterior, un movimiento dirigido por el arat Ayushi tuvo gran alcance, pero en general la lucha estuvo dirigida por los noions. Finalmente el 10 de julio una delegación mongola, presidida por el príncipe Tögs-Ochiryn Namnansüren, viajo de incognito a San Petersburgo: para no levantar sospechas, argumentaron que se trataba de un viaje a un festival religioso, en la cual los líderes presentes discutirían la necesidad de recaudar impuestos.

La delegación enviada a San Petersburgo llevaba consigo una carta en nombre del Khutuktu y de los ”4 señores khalkha” pidiendo ayuda contra los chinos -incluyendo armas- y sugiriendo que las tropas rusas intervinieran en la zona, ofreciendo a cambio concesiones económicas. El gobierno ruso decidió apoyar, por medios diplomáticos y no militares, no la independencia de Mongolia, sino su autonomía, aunque aumentando el número de efectivos del personal de seguridad de su consulado en Urga para proteger a la delegación, que iba de regreso: tras su retorno a Mongolia, en octubre estallo la revolución de Xinhai, que derroco a la dinastía Qing y puso fin al imperio chino, estableciendo la república.

La situación fue aprovechada por la nobleza mongola para iniciar la lucha por la independencia, y el 28 de noviembre fue formado un gobierno provisional de noions khaklha, que ordeno a los 4 aimags (provincias) khalkha movilizar entre ellos a mil soldados, siendo movilizados 500 efectivos hacia Urga: los noions y lamas khalkha enviaron una carta al amban (gobernador) manchú Sando en la que le informaban de la existencia del movimiento y le indicaban que estaban organizando un ”ejército revolucionario” y preparándolo para expandirse al resto de Mongolia Exterior desde Urga. Posteriormente una delegación de lamas y nobles visito la oficina de Sando y le comunico su decisión de proclamar la independencia. Tras negociar con la delegación, Sando le ofreció concederle autonomía a Mongolia, a lo cual la delegación se negó y abandono las negociaciones, dándole a Sando un plazo de 24 horas para abandonar el país: al día siguiente, la guardia de 150 hombres de Sando fue desarmada, y Sando y su personal se refugiaron en el consulado ruso.

El 30 de noviembre fue establecido un gobierno provisional mongol, que al día siguiente proclamo la independencia y anuncio el establecimiento de un gobierno teocrático dirigido por el Khutuktu. El 5 de diciembre Sando abandono el país y partió hacia Rusia escoltado por tropas del consulado ruso de Urga. Finalmente, el 29 de diciembre el Khutuktu fue entronizado como Bogd Khan. Un mes después, en enero de 1912, el gobernador militar de Uliastai y su personal evacuaron Mongolia. El nuevo gobierno mongol era una mezcla de teocracia budista, costumbres imperiales chinas y practicas políticas occidentales, y el Bogd Khan retomo los mismos poderes, simbólicos y reales, de los emperadores chinos, nombrando a su reinado con el título de Olnoo örgogdsön (”elevado por muchos”). Se adopto el nombre de Ih Mongol Uls (Gran Estado Mongol), así como una bandera nacional, y la capital, Urga (actualmente Ulanbator), fue rebautizada como Niislel Hüree, que significa ”capital de los monasterios”, para asi reflejar su nuevo rol como sede del gobierno. Del mismo modo, se creó un parlamento (ulsyn hural) bicameral y se formo un gobierno compuesto de 5 ministerios -asuntos internos, asuntos externos, finanzas, justicia, y guerra-, creándose posteriormente un ejército nacional.

Pese a que el país había obtenido la independencia, las condiciones de vida de la población no cambiaron en absoluto, pues el poder seguía estando en manos de los señores feudales y de los líderes religiosos. La elite religiosa se apropió de los ingresos para su provecho, por ejemplo, incrementando sus acreencias financieras al transferir la propiedad eclesiástica (Ih shav) a ganaderos adinerados que tradicionalmente habían prestado sus servicios y pagado impuestos a los príncipes. Esto supuso un aumento en la explotación de los arats, y que en la práctica estos estuvieran privados de derechos. Del mismo modo, aunque formalmente Mongolia era un Estado parlamentario, la práctica totalidad de los poderes eran ocupados por el Bogd Khan. El Bogd Khan tenía la facultad de otorgar a los nobles y lamas posiciones en el gobierno, algo que tradicionalmente habían llevado a cabo los emperadores chinos. Por otra parte, los príncipes y los líderes religiosos debían pagar al Bogd Khan un tributo anual llamado ”los 9 blancos”, consistente en 8 caballos y 1 camello de color blanco, siendo entregados esta vez 3500 caballos y 200 camellos.

Hasta 1915 los principales objetivos diplomáticos eran obtener el reconocimiento internacional y lograr la reunificación con Mongolia Interior, Barga y Tannu Urianhai. Ambos objetivos fracasaron, pues las potencias occidentales preferían mantener relaciones comerciales con China, las cuales se verían afectadas si reconocían a Mongolia; por otro lado, los intentos de incluir a Mongolia Interior en el nuevo Estado no tuvieron éxito debido al poco interés de la población y el clero de Mongolia Interior en la independencia. Naturalmente, China no reconoció la independencia de Mongolia e hizo cuanto pudo para restablecer su soberanía sobre el país. Por su parte Rusia se negó a apoyar la independencia de Mongolia, pero tampoco estaba de acuerdo con la restauración del control chino, no obstante, en 1912 firmó un acuerdo secreto con Japón para delimitar sus respectivas aéreas de influencia: Mongolia Interior y Manchuria Meridional quedarían bajo control japonés, y Mongolia Exterior y Manchuria Septentrional bajo control ruso. En noviembre de 1913, una declaración sino-rusa reconocía a Mongolia como región autónoma de China, exigiendo al gobierno chino no enviar tropas a Mongolia ni colonizar el país, así como aceptar a asesores rusos en los asuntos entre Mongolia y China. Igualmente hubo una conferencia tripartita entre Mongolia, Rusia y China, misma que fue considerada como ilegitima por el gobierno mongol al no haber participado en su elaboración. Las negociaciones fueron retomadas en 1914, acordándose en abril incluir a Tannu Urianhai como protectorado ruso: en octubre tuvo lugar otra conferencia tripartita entre China, Mongolia y Rusia en la que se acordó incluir a Mongolia como región autónoma de China, no obstante, el representante de la delegación mongola, el primer ministro Namnansüren, estaba decidido a obtener la independencia y no solo la autonomía. Finalmente las negociaciones culminaron en mayo de 1915 con la firma del tratado de Kiahta, que establecía la reintegración de Mongolia en China como región autónoma y prohibía al gobierno chino enviar tropas al país, pero por obvias razones ni los chinos ni los mongoles (ni los rusos) quedaron satisfechos.

El nuevo régimen republicano chino usó la inestabilidad generada por la revolución rusa de 1917 y la posterior guerra civil como pretexto para restablecer su control en Mongolia. La presencia de tropas bolcheviques en la frontera con Mongolia hizo que en el verano de 1918 el Alto Comisionado chino en Urga, Chen Yi, difundiera el rumor de que tendría lugar una invasión bolchevique. Los guardias cosacos de los consulados de Urga, Uliastai y Hovd, que hasta entonces habían sido leales a la dinastía Romanov, se sublevaron. La comunidad rusa en Mongolia estaba dividida, y muchos apoyaron al gobierno bolchevique. Con el pretexto de que tropas bolcheviques provenientes de Siberia querían penetrar en Mongolia, Chen envió un telegrama a Beijing pidiendo asistencia militar, y tras varios esfuerzos, logró convencer al Bogd Khan de aceptar la intervención, siendo enviados entre 200 y 250 efectivos en julio. Al no tener lugar la invasión, el Bogd Khan pidió que las tropas fueran retiradas, pero el gobierno chino se negó, considerando esta primera violación (suya) del Acuerdo de Kiahta como el primer paso para restaurar su soberanía sobre Mongolia. A comienzos de 1919, el general ”blanco” Grigori Semenov reunió a un grupo de mongoles buriatos de Siberia para formar un Estado pan-mongol títere. Los mongoles khalkha fueron invitados a unirse, pero se negaron, por lo que Semenov amenazó con una invasión: dicha amenaza movilizó a los nobles laicos, que veían en la misma la posibilidad de que llegara el fin del gobierno teocrático. En abril, el primer ministro Namnansüren murió (algunos creen que fue envenenado), y ese mismo mes Xu Shuzheng envió un plan al gobierno de Beijing para la reconstrucción social y económica de Mongolia, proponiendo entre otras cosas la colonización china y los matrimonios entre chinos y mongoles para transformar las costumbres de los mongoles. En junio, Xu fue nombrado Comisionado de la frontera noroeste, convirtiéndose en el oficial militar y civil chino en Mongolia. El 13 de agosto el ministro mongol de asuntos de asuntos exteriores envía a Chen un mensaje de los ”representantes de los 4 aimags” pidiendo ayuda militar contra Semenov. Del mismo modo, el mensaje incluía una declaración donde decía que los khalkhas deseaban suprimir la autonomía y restaurar el antiguo sistema Qing: ese mismo mes, el gobierno soviético derogaba los tratados firmados entre Mongolia y la Rusia zarista y reconocía la independencia de Mongolia.

Inmediatamente empezaron las negociaciones con representantes del gobierno del Bogd Khan, y en octubre Chen y los príncipes mongoles acordaron diversas condiciones, los ”64 puntos”, reformando el sistema político y administrativo. Los ”puntos” fueron enviados al parlamento, y aunque la cámara de diputados los rechazó, finalmente fueron aprobados por el senado. Chen envió el borrador de los artículos a Beijing: el Bogd Khan envió una carta y delegaciones a Beijing diciendo que el pueblo mongol no quería la supresión de la autonomía e indicando que todo era una maquinación de Chen y pidiendo que fuera apartado del cargo, pero el gobierno chino no estaba interesado en argumentos esotéricos sobre si en Mongolia existía o no un consenso sobre la abolición de la autonomía y envió los ”puntos” a la Asamblea Nacional china, que los aprobó el 29 de octubre.  Los 64 puntos de Chen, que otorgaban a Mongolia cierta autonomía, supondrían el fin de los planes de Xu de colonizar al país, por lo que Xu se traslado a Urga para informarle a Chen que los 64 puntos debían ser renegociados en base a un nuevo conjunto de propuestas, sus ”8 artículos”, que establecían aumento de la población (probablemente mediante el establecimiento de colonos chinos) y desarrollo económico: Xu presento los artículos al Bogd Khan, amenazando con deportarlo si no se aprobaban. El Bogd Khan envió los artículos al parlamento y, al igual que la vez anterior, la cámara de diputados los rechazó y el senado los aprobó: algunos miembros de la cámara baja amenazaron con expulsar a Xu. El 17 de noviembre, Xu aceptó una declaración firmada por los ministros y secretarios pero no por el Bogd Khan pidiendo derogar la autonomía.

Xu volvió a Beijing, donde fue recibido como héroe. Regreso a Urga en diciembre para realizar la ceremonia de transferencia de la autoridad: los soldados se colocaron a ambos lados del camino al palacio del Bogd Khan, el retrato del presidente de China fue colocado en un palanquín, la bandera de China fue izada, y se presentó una banda musical. Los mongoles debían postrarse varias veces ante los símbolos nacionales de China. Esa noche, algunos lamas y campesinos mongoles se reunieron fuera del palacio y destruyeron las banderas chinas que se encontraban en el portón.

La república popular

Desde el otoño de 1919 comenzaron a formarse algunos grupos partisanos, siendo 2 de ellos Konsulyn denj (”Colina consular”) y Züün Hüree (”Hüree oriental”): este fue el principio de la resistencia contra Xu.

El primer grupo fue creado a instancias de Dogsomyn Bodoo, un lama de 35 años que trabajó en el consulado ruso en Urga durante el gobierno del Bogd Khan, y de Horloogiin Choibalsan, que después seria conocido como ”el Stalin de Mongolia”: el enlace entre ellos era un tal Mihail Kucherenko, empleado de una imprenta rusa en Urga, que a veces visitaba a Bodoo y Choibalsan; sin duda las conversaciones trataban sobre la revolución en Rusia y la situación política de Mongolia. A su vez, otros mongoles se unieron a Choibalsan y Bodoo para discutir sobre la autonomía así como del fracaso de los nobles y lamas mongoles para desarrollar una resistencia efectiva contra los chinos.

Los líderes del grupo Hüree oriental eran Soliin Danzan, un funcionario del ministerio de finanzas, y Dansrabilegiin Dogsom, un oficial del ministerio de guerra. Otro miembro del grupo, aunque en esa época no era una figura relevante, era Damdin Sühbaatar, un militar que tras su muerte fue conocido como ”el Lenin mongol”.

Por otra parte, la comunidad rusa de Urga eligió una ”Duma municipal” dirigida por simpatizantes de los bolcheviques, quienes se enteraron de la existencia de los grupos. A comienzos de marzo de 1920, la ”Duma” envió a uno de sus miembros, I. Sorokovikov, a Irkutsk, decidiéndose que enviara un informe sobre los mongoles. Sorokovikov se reunió con representantes de ambos grupos, y tras volver a Urga en junio se reunió nuevamente con ellos y les prometió que el gobierno soviético les daría asistencia.

A mediados de octubre de 1920, en medio de la guerra civil rusa, las tropas blancas del general Roman Ungern von Sternberg invadieron Mongolia, y tras 4 meses de combate expulsaron a los hombres de Xu en febrero de 1921, proclamando nuevamente la independencia y colocando a Sternberg en el trono. Es en medio de la ocupación que se crea el Partido Popular de Mongolia (PPM), el cual tiene su primer congreso en marzo. Por otra parte, el 13 de marzo los partisanos acordaron establecer un gobierno provisional y crearon el Ejército Popular Revolucionario (EPRM), brazo armado del PPM, cuyo mando fue confiado a Sühbaatar. El EPRM empezó la campaña para liberar al país, teniendo lugar su primera victoria el 18 de marzo (5 días después de su creación) en la batalla de Altan Bulak: a pedido del gobierno provisional, el Ejército Rojo entró en Mongolia en junio. Finalmente, el Ejército Rojo y el EPRM entraron en Urga el 6 de julio y el PPM formo gobierno -con Sühbaatar como primer ministro-, pero devolvió al trono al Bogd Khan, que se mantuvo en este, aunque de forma simbólica. Consciente de la fuerte influencia de la religión entre las masas, el PPM unificó a todas las fuerzas patrióticas en un frente antiimperialista. El gobierno llevó a cabo una serie de reformas anti-feudales: las deudas, pertenecientes sobre todo a comerciantes chinos, fueron canceladas; la usura fue prohibida; la tierra fue nacionalizada; la servidumbre, los títulos nobiliarios, y los privilegios feudales fueron abolidos; el gobierno local fue descentralizado. El 10 de julio, el comité central del partido adopto una resolución mediante la cual transfería la autoridad central a las asambleas locales (hurales). El 5 de noviembre una delegación mongola viajó a la URSS para entrevistarse con Lenin, firmándose un tratado de amistad: posteriormente, ese mismo mes, el PPM ingresó al Komintern en calidad de ”simpatizante”. Sühbaatar murió el 20 de febrero de 1923 en medio de las sospechas de que Tsagaan Sar planeaba un golpe de Estado al no poder resistir la presión que le había causado el estado de alarma, pues la misma se le había hecho demasiado exhaustiva.

El tercer congreso del partido, que tuvo lugar en agosto de 1924, estableció la línea de desarrollo no capitalista del país. Las medidas económicas tomadas de 1921 a 1924 crearon las condiciones necesarias para el establecimiento de una republica; el Bogd Khan murió en mayo de 1924, y 6 meses después, el primer Gran Hural del Pueblo (el equivalente al Soviet Supremo) proclamó la Republica Popular de Mongolia y ratificó su primera constitución. Tras la muerte del Bogd Khan, el gobierno anunció que no habría mas reencarnaciones del Jebtsundamba Khutuktu, no obstante, los lamas “reconocieron” la nueva ”encarnación” de inmediato y fueron al Tíbet para informar al Dalai Lama al respecto*.

El gobierno hizo todo lo posible por desarrollar a las fuerzas productivas del país y dejar de ser dependiente de la ayuda soviética. Entonces el país tenía una economía feudal y atrasada, basada principalmente en la crianza de ganado. La agricultura y la industria eran prácticamente inexistentes; los transportes y comunicaciones eran primitivos; la banca, los servicios y el comercio estaban en manos de extranjeros, principalmente de chinos. El grueso de la población eran nómadas analfabetas, y una parte importante de la fuerza laboral masculina trabajaba en monasterios, por lo que su contribución al desarrollo económico era escasa: solo el 1% de la población sabía leer y escribir, y las pocas escuelas existentes eran centros de enseñanza de monasterios budistas. La propiedad del ganado se concentraba en manos de terratenientes, aristócratas y monasterios; el resto de la economía estaba en manos de extranjeros, sobre todo de chinos.

En diciembre de 1921 fue creada la Organización Central Cooperativa Popular (Montsenkoop); de 1921 a 1922 se abrieron 12 preescolares y 7 escuelas primarias, a las que empezaron a asistir 400 niños; en junio de 1924 fue establecido el Banco Industrial y de Comercio; en diciembre de 1925 se llevó a cabo una reforma monetaria que introdujo una moneda nacional, el tugrik (o tögrög), que tenía el mismo valor que el rublo soviético -es decir, 18 gramos de plata-, sustituyendo así al dólar mongol y otras monedas. Se desarrolló la industria nacional -aunque seguía siendo principalmente textil y de procesamiento de alimentos-, se establecieron cooperativas agrícolas, y se desarrolló un sistema moderno de transportes y comunicaciones. Tras varios intentos fallidos de colectivizar el ganado, este permaneció en manos privadas.

Por otra parte, la organización de los principios de la educación pública se estableció durante el IV congreso del PPM en 1925: por otra parte, a partir de dicho congreso el partido pasó a llamarse Partido Revolucionario Popular Mongol (PRPM). Se estableció la enseñanza obligatoria y gratuita para todos los niños menores de 18 años sin importar su nacionalidad, y se prohibieron los castigos corporales. Uno de los objetivos era desarrollar la lealtad hacia la revolución. Durante los primeros años de gobierno del PRPM el desarrollo del sistema educativo tuvo muchas dificultades debido a la escasez de dinero, la falta de personal educativo y la inexistencia de organizaciones escolares experimentadas. En 1922 se iniciaron los primeros cursos de formación de maestros. A mediados de la década de 1920 se llevaron a cabo programas de formación de maestros en escuelas soviéticas. El clero lamaísta se opuso fuertemente a la secularización del sistema educativo, pero finalmente aceptó la coexistencia de las escuelas religiosas con las escuelas públicas. En 1933 18000 estudiantes asistían a escuelas confesionales.

En el séptimo congreso del PRPM, de octubre a diciembre de 1928, se impuso la facción del partido seguidora de la línea marxista. A comienzos de la década de 1930 la inversión extranjera fue prohibida y fue nacionalizado el comercio exterior. El establecimiento de una política fiscal, el fortalecimiento de Montsenkoop, y la ayuda soviética aseguraron el cumplimiento de estos objetivos. En 1929 fue abolida la propiedad feudal, que se había mantenido intacta hasta entonces, y las tierras que hasta ese momento pertenecieron a los señores feudales fueron repartidas entre los campesinos. La eliminación de los señores feudales tuvo lugar tras luchas feroces.

Los errores cometidos por el partido y la delicada situación económica (en parte provocada por ello) fueron aprovechados por las fuerzas contrarrevolucionarias para llevar a cabo operaciones de desestabilización y organizar levantamientos espontáneos. Ignorando la situación del país, los elementos ultraizquierdistas del PRPM proclamaron la transición a la etapa socialista de la revolución e implementaron una política que causó graves problemas políticos y económicos. Desde 1924, el noveno Panchem Lama estaba viviendo en China a consecuencia de una disputa con el decimotercer Dalai Lama. El Panchem Lama insistía en que el Tíbet obtuviera autonomía, así como su propio sistema fiscal y sus propias fuerzas armadas: el gobierno chino le proveyó de un pequeño ejército, pero el Dalai Lama no les permitió a los soldados entrar en el Tíbet, pues sospechaba de sus intenciones. En 1930 el príncipe Eregdendagva escribió una carta al Panchem Lama pidiéndole que enviara a su ejército a Mongolia para liberar al país del PRPM, cerrar la frontera con la URSS, y, con ayuda de China, instalar en el poder al noveno Jebtsundamba, restaurar la monarquía y detener la secularización del clero. Aunque el Panchem Lama envió una carta donde apoyaba la revuelta, no envió a sus hombres ni dio apoyo militar. A principios de 1930 unos 10000 monjes fueron expulsados de los monasterios.

Por otra parte, en 1931 Japón, que tenía intereses en Mongolia, atacó el norte de China y estableció Manchukuo, un territorio ubicado en Manchuria que existiría hasta 1945: para obtener el apoyo de los mongoles, los japoneses comenzaron a apoyar a distintos movimientos budistas en Mongolia; de este modo, promovieron cambios en las practicas budistas, y alentaron la conversión de los monasterios en centros educativos y sanitarios. Aunque los budistas mongoles tomaron parte en estos procesos, generalmente solo aceptaban los cambios que ya formaran parte del ideario político y religioso nacional. Stalin temía que Japón pudiera usar el budismo para penetrar en el continente y usar para su causa a los budistas de Buriatia y Mongolia Exterior. Por su parte, el alto clero budista, disgustado con las reformas emprendidas (pues pusieron en peligro sus privilegios), logró canalizar el descontento de varios sectores de la población, y el 10 de abril de 1932 llevó a cabo un levantamiento armado en Hovsgol que se extendió rápidamente a las zonas vecinas. Los rebeldes crearon una unidad de comando llamada Ochirbatyn yaam (”ministerio de Ochirbat”) y comenzaron a armar a la población y a los lamas locales, destruyendo centros comunitarios y edificios gubernamentales, y asesinando a oficiales y miembros del partido, así como a los habitantes que no los apoyaban: el 15 de abril, el ministerio del interior desplegó unidades armadas, logrando aplastar la rebelión a comienzos de julio, aunque los combates en el Övörhangai y en el sur de Hovsgol continuaron hasta agosto. Los líderes de la revuelta fueron juzgados y condenados a muerte. El pleno extraordinario de la Comisión Central de Control del PRPM de junio de 1932 condenó las desviaciones internas que provocaron esta situación y anunció la restauración de la línea general del partido: las decisiones del pleno extraordinario fueron ratificadas durante el noveno congreso del PRPM en septiembre y octubre de 1934.

Bajo la nueva política del PRPM, entre 1932 y 1934 se relajo la persecución del budismo, e incluso se permitió la apertura de nuevos monasterios. Stalin hizo esta recomendación para evitar que los budistas buscaran apoyo japonés, no obstante el budismo mongol nunca logró recuperarse.

Entre 1933 y 1934 se desarrolló el ”caso Lhümbe”: Jambyn Lhümbe, un destacado líder del partido, fue acusado de colaborar con los japoneses y de conspirar para la creación de una organización ilegal con el propósito de desarrollar la rebelión: fue condenado a muerte, siendo ejecutado el 30 de junio de 1934. Durante el proceso fueron purgadas 317 personas: 174 del ”grupo de la provincia de Hentiy” (de las cuales 30 fueron condenadas a muerte), 110 del ”grupo de la provincia de Dornod” (de las que 18 fueron ejecutadas), y 33 del ”grupo Ulanbator” (5 ejecutadas). La mayoría de los condenados eran buriatos de las provincias del norte -Dornod y Hentiy-, así como de Ulanbator. Aparte de las penas de cárcel, de 5 a 10 años, una forma adicional de castigo era la expulsión a la Unión Soviética, seguida de 5 años en campos de concentración y la prohibición de regresar a Mongolia.

La liberación de la dependencia colonial y la supresión de las relaciones feudales de producción dieron impulso al desarrollo de las fuerzas productivas. Las cabezas de ganado aumentaron en un 36% entre 1929 y 1940. Las cooperativas agrícolas aumentaron, y creció la producción de electricidad, así como el procesamiento de materias primas agrícolas y la extracción de carbón. Se desarrollaron industrias automovilísticas, de ferrocarriles y de transporte aéreo. De 1934 a 1939 el comercio al pormenor aumentó en un 2.5% y las exportaciones en un 2.3%. Las principales fuentes de ingreso las constituían las cooperativas agrícolas y las industrias estatales: en 1940 el pago de impuestos constituía solo el 16.7%.

Dado el contexto internacional adverso, principalmente la política expansionista de Japón, en noviembre de 1934 se firmó un pacto soviético-mongol de ayuda. En marzo de 1936 se firmaría un tratado de asistencia mutua. En abril de ese año tuvo lugar un juicio contra los lamas, que fueron acusados de ”arruinar el prestigio de la religión” por sus actividades contrarrevolucionarias y por espiar para Japón. En el siguiente proceso, en octubre, los acusados fueron señalados por usar ayuda japonesa para planear un nuevo levantamiento: de los 17 acusados, 6 fueron condenados a muerte y los demás a diversas penas de prisión. A lo largo de todo el año hubo juicios contra el clero budista. En 1937 Japón capturó Mongolia Interior y el resto del norte de China, siendo su objetivo crear un Estado pan-mongol que incluyera a Buriatia y que estuviera gobernado por el noveno Jebtsundamba. Stalin acusó a los lamas de Mongolia Exterior y Buriatia de espiar para Japón y distribuir propaganda japonesa.

Por otra parte, la frontera entre Mongolia y Manchukuo fue objeto de disputa entre ambos bandos, pues mientras los japoneses la fijaron en el curso del rio Halhin Gol, Mongolia sostenía que estaba ubicada 16 kilómetros al este. El 11 de mayo de 1939 tuvo lugar un ataque japonés en la aldea de Nomonhan, ubicada en la frontera con Manchukuo: 2 días después tropas mongolas cruzaron la frontera y no pudieron ser expulsadas. El 14 de mayo el Ejército de Kwantung intervino para intentar recuperar el territorio, pero fue rechazado.

El conflicto fue creciendo progresivamente hasta que las tropas soviéticas y japonesas acabaron enfrentándose directamente. El 28 de mayo tropas soviéticas rodearon y destruyeron una unidad japonesa de reconocimiento, provocándole 210 muertos y 34 heridos. Tras este enfrentamiento vino 1 mes de relativa calma, pero en vez de llegar a un acuerdo, ambos bandos reforzaron sus posiciones en la zona. El 27 de junio, la fuerza aérea japonesa bombardeó la base aérea soviética en Tamsak Bulak, y aunque los soviéticos perdieron muchos aviones en tierra, lograron defenderse exitosamente en el aire, lo cual no impidió que los pilotos japoneses volvieran a casa victoriosos, habiendo destruido el doble de aviones enemigos que los perdidos por ellos mismos.

Pese a su decisión de retirar la cobertura aérea, Tokio autorizó que se realizaran operaciones terrestres ”para expulsar a los invasores”. El teniente general Michitaro Komatsubara planeó un ataque tenaza que le permitiera rodear y destruir a las tropas soviéticas. Desde el norte, sus hombres lanzaron un primer asalto, y tras cruzar fácilmente el rio Halhin Gol, lograron expulsar a las tropas soviéticas el 2 de julio e iniciaron su avance hacia el sur, aunque sufrieron pérdidas considerables. Sin embargo, los soldados de Komatsubara fueron incapaces de aprovechar este éxito debido a su mala preparación, además de que una mala planificación logística hizo que su línea de suministros dependiera de un solo pontón.

Viendo la oportunidad que suponía el estancamiento nipón, las tropas soviéticas, bajo el mando de Georgi Zhukov, lanzaron un contraataque con 450 tanques. A pesar de no contar con apoyo de infantería, lograron atacar las tropas japonesas por 3 flancos, rodeándolas casi por completo. El 5 de julio el destacamento norte del ejército japonés fue obligado a retroceder a sus posiciones iniciales, al otro lado del rio.

El gobierno de Tokio, que había tratado de impedir que los enfrentamientos en Nomonhan se convirtieran en una guerra con la URSS como había sucedido con China tras el incidente del puente de Marco Polo, intentó frenar las acciones del Ejercito de Kwantung. El propio emperador dio órdenes de que se evitara la extensión de los combates y el embajador en Moscú recibió instrucciones el 17 de julio de buscar la oportunidad de iniciar negociaciones para la firma de un armisticio y la delimitación de la frontera. Pero el Ejército de Kwantung se opuso a las negociaciones sin lograr antes una posición militar ventajosa, por lo que las retrasó.

Tras el fracaso de su primer ataque, los japoneses se retiraron para planear su próximo movimiento. La derrota no era una opción para Komatsubara, quien tras dejar que sus hombres recuperaran fuerzas y repusieran suministros durante una noche, ideó un segundo plan de ataque, basado en el uso de la fuerza bruta. El 23 de julio, apoyadas por un gran bombardeo de artillería, 2 divisiones niponas lanzaron un ataque contra las tropas soviéticas, que para entonces ya habían cruzado el rio y se habían apoderado del puente Kawatama. Tras días de feroces combates, los japoneses apenas lograron pequeños avances, siendo incapaces de romper las líneas soviéticas y alcanzar el tan ansiado puente. A pesar de haber causado miles de bajas, la batalla estaba en un punto muerto. Incapaces de avanzar y viendo que se les agotaban los suministros de artillería, los japoneses decidieron retirarse para planear un tercer ataque.

Aunque los preparativos japoneses para un tercer ataque iban por buen camino, el ejército de Zhukov acabaría con Komatsubara. Finalmente, a mediados de agosto, Zhukov, conociendo el plan japonés de atacar a sus posiciones el 24 de agosto, decidió romper el estancamiento y adelantarse a la ofensiva japonesa. El 20 de agosto cruzó Halhin Gol con 50000 hombres, 498 tanques y 250 aviones. Las fuerzas japonesas a las que se enfrentaba eran similares, pero no estaban bien armadas ni sabían el contraataque que se les venía. El contraataque soviético consistía en un ataque combinado clásico: mientras miles de soldados de infantería atacaban frontalmente a las tropas japonesas, los tanques rodearon los flancos, y la artillería y la aviación machacaron a los japoneses.

El 31 de agosto las fuerzas japonesas fueron rodeadas. Unas cuantas unidades lograron escapar del cerco, pero el resto siguieron la tradición marcial nipona y siguieron luchando: Zhukov acabó con ellos mediante ataques de artillería. Ese mismo día el embajador japonés en Moscú recibió instrucciones de entablar conversaciones con los soviéticos inmediatamente: se reunió con el ministro de exteriores Viacheslav Molotov el 9 y 10 de septiembre, pero no logró un acuerdo, pues los japoneses se negaban a reconocer la frontera establecida por los soviéticos. El 14 de septiembre propuso con éxito el alto al fuego con el mantenimiento de las posiciones militares, dejando para después la delimitación fronteriza. El 16 de septiembre se firmó una declaración conjunta de alto al fuego.

Para 1940 la estructura socioeconómica del país había cambiado notoriamente gracias a las reformas revolucionarias. Los señores feudales habían desaparecido y los arats se habían convertido en una clase de pequeños productores. Había surgido una nueva clase obrera, y se estaba desarrollando la intelectualidad. Las empresas pequeñas y medianas constituían la base de la economía. Los principales componentes económicos eran la industria y las cooperativas, el transporte mecanizado, el sistema financiero, así como el comercio cooperativo y estatal. Aunque había centros de producción agrícola, la producción a pequeña escala siguió siendo predominante. Los elementos capitalistas siguieron presentes en la agricultura, en forma de granjas que explotaban la mano de obra, así como en el comercio, donde existían comerciantes privados. En general, sin embargo, las empresas capitalistas jugaron un papel muy minoritario en la economía. El gobierno llevó a cabo una política consistente en limitar y disciplinar a estos elementos. Durante esta etapa se llevó a cabo una revolución cultural con el objetivo de suprimir los vestigios del feudalismo en el imaginario colectivo y establecer una mentalidad revolucionaria y progresista.

Los objetivos de la etapa de desarrollo democrático fueron confirmados durante el pleno del PRPM de abril de 1940. Durante el congreso se adoptó un nuevo programa, y el Gran Hural promulgó una nueva constitución que reflejaba los profundos cambios socioeconómicos que había sufrido el país.

Tras haber completado los objetivos de la revolución democrática, en 1940 Mongolia entró en la etapa socialista. Las nuevas tareas consistieron en aumentar los niveles de crecimiento de las fuerzas productivas, la formación voluntaria de cooperativas que sustituyeran a las explotaciones agrícolas individuales que aun quedaban, la consolidación del sistema socialista, y la profundización en el desarrollo de la revolución cultural.

La transición al socialismo se completó durante la segunda guerra mundial. Debido al crecimiento de las amenazas expansionistas japonesas, Mongolia comenzó a desarrollar una política de gradualismo económico y reforzamiento de la defensa nacional. Desde el primer día de la Gran Guerra Patria en la URSS, Mongolia comenzó a proveer a la URSS de la mayor cantidad que pudo de ayuda material. Esta posición quedó de manifiesto tras la declaración de la sesión conjunta del presídium del PRPM, el presídium del Hural, y el consejo de ministros el 22 de junio de 1941. Toneladas de alimentos y ropa, así como cientos de animales fueron entregados al Ejército Rojo. Igualmente, cerca de 32000 caballos fueron enviados por los mongoles a la URSS como regalo: según el historiador ruso V. Suvorov, la ayuda enviada por Mongolia fue similar a la enviada por Estados Unidos. También hubo voluntarios mongoles que lucharon en el Ejército Rojo, así como la Columna Revolucionaria de Tanques de Mongolia y el Escuadrón Aéreo Arat, que combatieron en las distintas batallas del frente oriental.

En 1944 Mongolia perdió unas cuantas villas cuando la Republica Popular de Tuva se unió a la URSS. Ese mismo año se abolieron las restricciones a los derechos electorales, que entre otras cosas impedían a los antiguos señores feudales y otras personas que hubieran explotado el trabajo ajeno tanto elegir a los órganos representativos como postularse para puestos de elección popular. En febrero de 1945 se ratificó la soberanía del país durante la conferencia de Yalta. Tras la declaración de guerra contra Japón el 10 de agosto, Mongolia permitió el despliegue de tropas soviéticas contra Manchukuo, además de enviar a 80000 voluntarios. El 20 de octubre se celebró un referéndum para ratificar la independencia de Mongolia, habiendo una participación del 98% y siendo aprobado con el 100% de los votos.

El periodo de posguerra se caracterizó por grandes logros en la construcción socialista. En febrero de 1946 se firmó un tratado de amistad y asistencia mutua entre Mongolia y la URSS, así como un acuerdo de cooperación económica y cultural: ese mismo año concluyó la transición al alfabeto cirílico, que había sido adoptado en 1941, sustituyendo al alfabeto Oirat. En 1947 durante el 11 congreso del PRPM se adoptó una resolución que establecía la adopción de una economía planificada, misma que quedó plasmada en la aprobación del primer plan quinquenal (1948-1952), así como el aumento de la producción industrial, el procesamiento de madera, y la producción de bienes de consumo: ese mismo año comenzó la construcción del ferrocarril Transmongol, que fue completado en 1961. Del mismo modo, se abrió la mina de carbón de Nalaih, se amplió la red eléctrica, se abrieron la refinería petrolera de Züün Bayan y otras fabricas e instalaciones de producción de metal y minerales, y se desarrolló el ferrocarril Naushk-Ulanbator y otros sistemas de transporte. Tras haber establecido en 1942 la primera universidad nacional -que llevaba su nombre-, Choibalsan llevó a cabo medidas destinadas a erradicar el analfabetismo, estableciéndose un sistema educativo con una duración de 10 años.

En 1948 estableció relaciones con Hungría, Polonia y Checoslovaquia, así como con Corea del Norte. En 1949, tras la victoria del Partido Comunista Chino sobre el Kuomintang en la guerra civil china, Mongolia estableció relaciones con la Republica Popular China, reconociéndose mutuamente ambas partes (de hecho, Mongolia fue el primer país que reconoció a la RPC), no obstante Mao Zedong siempre expresó su deseo de que Mongolia se reintegrara a China. En 1950 entabló relaciones con la RDA y los demás países socialistas de Europa oriental, expandiendo sus relaciones económicas y culturales.

En 1951 Choibalsan viajó a Moscú para tratarse el cáncer de riñón, pero murió el 26 de enero de 1952. Su cuerpo fue trasladado a Mongolia, donde fue recibido con todos los honores y fue sepultado en el cementerio de Altan Ulgii en Ulanbator: en 1954 sus restos fueron trasladados al recién construido mausoleo de Suhbaatar.

Tras la muerte de Choibalsan, la dirección del PRPM fue asumida por Yumjaagiin Tsedenbal. Durante los siguientes años, la economía nacional se desarrolló de acuerdo al segundo (1953-1957) y tercer plan quinquenal (1958-1960). El desarrollo industrial aumentó de forma significativa, de modo que para 1960 el número de trabajadores industriales era un 5.9% mayor que en 1940. Desde 1955 se desarrolló la producción a gran escala en las cooperativas agrícolas. En la primavera de 1959, prácticamente todos los arats del país trabajaban en las cooperativas: en el pleno del comité central del PRPM de diciembre de 1959 se anunció que la organización de los arats en cooperativas había sido completada, y que las relaciones socialistas de producción habían triunfado en todas las esferas de la economía

Después de que el XX congreso del PCUS en 1956 diera comienzo a la ”desestalinizacion” de la URSS, Tsedenbal apoyó esta decisión y decidió llevar a cabo una política similar, de modo que la figura de Choibalsan fue criticada duramente y se le acusó de ”violar los principios revolucionarios”: igualmente, después de dicho congreso, China presentó la independencia de Mongolia como uno de los errores cometidos por Stalin. De este modo, durante el pleno del PRPM de 1962, se tomó la decisión de tomar ”medidas decisivas para asegurar la completa liquidación de las graves consecuencias que el culto a la personalidad de Choibalsan ha tenido en todos los aspectos de la vida”. Luego de la ruptura sino-soviética, Mongolia pidió a la URSS desplegar tropas en su territorio.

El XIV congreso del PRPM de julio de 1961 confirmó que la transición al socialismo había sido completada. El máximo desarrollo de la base técnica y material del socialismo se había convertido en el nuevo objetivo principal, posición que se vio reforzada tras la entrada de Mongolia en el CAME en 1962. Después de la ruptura sino-soviética, la ayuda china se detuvo, pero siguió llegando ayuda soviética y de los otros países socialistas de Europa oriental en forma de créditos, asesores, asistencia técnica y financiera, y proyectos de colaboración. El congreso aprobó las directivas del cuarto plan quinquenal (1961-1965). El nuevo programa del PRPM, adoptado durante el XV congreso, que tuvo lugar en 1966, reflejó los logros obtenidos y definió las tares para llevar a cabo la transformación de Mongolia en un país con una industria moderna y diversificada, sobre todo en el sector minero, aprobándose de este modo el quinto plan quinquenal (1966-1970). Se construyeron nuevos centros industriales en Baganuur, Choibalsan, Darhan y Erdenet. Aunque la crianza de animales se estancó, la producción de cultivos aumentó notablemente (en parte debido al desarrollo de instalaciones agrícolas en tierras vírgenes). Los sistemas de transportes y comunicaciones se mejoraron para poder llegar a las zonas más remotas del país.

Durante el XVI congreso del PRPM en junio de 1971, que coincidió con el 50 aniversario de la revolución, se aprobaron las directrices del sexto plan quinquenal (1971-1975), poniendo énfasis en el desarrollo cultural. Durante este periodo el PIB creció en un 44.5%, el ingreso nacional en un 38% y el volumen de la producción industrial en un 55.2%. El 11 de junio de 1974 el Gran Hural eligió a Tsedenbal como primer ministro. En 1972 el ingreso nacional había aumentado en un 83.4%, y la producción agrícola en un 16.6%. El ingreso per cápita era de los más altos del mundo. Cerca del 24.6% de la tierra cultivable, el 95% de los pastos y el 75% de los ingresos agrícolas pertenecían a las cooperativas: cerca del 22% del ingreso era propiedad de los miembros de las cooperativas. Las granjas estatales -que entonces eran 35- poseían el 75.4% de la tierra cultivable, el 3% del pasto, y el 4% del ingreso, produciendo además cuatro quintas partes del cereal y una cantidad importante de papas, verduras y piensos. La agricultura estaba ampliamente mecanizada: a mediados de 1972 había 6300 tractores, en comparación con los 1700 que habia en 1960. Se tomaron varias medidas para elevar la producción agrícola, principalmente la construcción de almacenes de grano y de instalaciones de riego.

El XVII congreso del PRPM, que tuvo lugar en junio de 1976, adoptó las directrices para el séptimo plan quinquenal (1976-1980): dicho plan marcaba como objetivos mejorar la calidad y la eficiencia de la producción.

La industria estaba compuesta en su mayoría por empresas pequeñas o medianas. Entre 1941 y 1960 la tasa de crecimiento de la producción industrial fue del 6.9%; de 1951 a 1960 del 10.8%; y de 1961 a 1970 del 9.7%. En 1972 la industria constituía la tercera parte del PIB nacional. En 1973 la transformación de materias primas constituía el 49.7% de la producción, mientras que la producción de bienes de consumo representaba el 50.3%.

La política exterior de Mongolia tenía como objetivo asegurar la construcción del socialismo en condiciones pacificas, así como la cohesión con los distintos países socialistas. En 1959 apoyó la propuesta de la URSS de desarme nuclear. En 1963 se firmó un tratado que prohibía las pruebas nucleares en la atmosfera, el espacio exterior y el agua, y del mismo modo en 1968 firmó un tratado de no proliferación de armas nucleares. Apoyaba la lucha de los países árabes contra las agresiones de Israel, la resistencia de Camboya, Vietnam y Laos, las propuestas de Corea del Norte de una reunificación pacifica de Corea, así como las luchas de liberación nacional de Asia, África y América.

A comienzos de los 80, Mongolia tenía una economía planificada basada en la propiedad pública de los medios de producción. De acuerdo a su constitución, dicha propiedad estaba organizada de 2 formas: la propiedad estatal (tierra, recursos naturales, instalaciones económicas, infraestructura, instituciones, empresas), y la colectiva (cooperativas agrícolas). La propiedad privada estaba prohibida en todos los sectores económicos, menos en la crianza de animales. La economía estaba dirigida mediante planes quinquenales, que eran aprobados por el Gran Hural.

Tsedenbal dimitió en 1984 por problemas de salud, siendo sustituido por Jambyn Batmönh: posteriormente se trasladó a Moscú, donde murió en 1991. Batmönh reforzó la colaboración con la URSS, pero al igual que en otros países comunistas existía mucha presión para sacarlo del poder, además de que, curiosamente, sería él quien conduciría al fin del socialismo en Mongolia.

Bajo el influjo de la perestroika, en 1986 Batmönh adoptó un programa de reformas económicas. Dicho programa contenía 5 objetivos: aplicación de la ciencia y la tecnología a la producción; reformas administrativas y de planeación; independencia de las empresas; y un balance de los intereses individuales, colectivos y sociales. El aceleramiento del desarrollo tenía como objetivo cumplir estas metas. La investigación científica se dirigió a mejorar el desarrollo económico mediante el desarrollo de la electrónica, la automoción y la biotecnología. Igualmente, tuvieron lugar programas de cooperación con otros países del CAME en la investigación y desarrollo de materiales de sectores prioritarios.

Ese mismo año tuvo lugar la reforma administrativa, consistente en reorganizar la estructura gubernamental y económica. Estos cambios provocaron una profunda reorganización en las estructuras del Estado, entre otras cosas al haber reducido a 3000 el número de puestos administrativos y haber permitido un ahorro de 20 millones de tugriks. El rol de los órganos de planificación centralizada se redujo mediante la limitación de las labores del Comité de Planificación Económica a la supervisión de la gestión de la circulación de capital. Las medidas de descentralización económica comenzaron en 1986, cuando a más de 100 empresas se les otorgó autonomía financiera: ahora las empresas serian responsables de sus beneficios y pérdidas, así como de la gestión de los contratos de ventas y exportaciones.

En diciembre de 1988 el Gran Hural aprobó una ley que establecía la autonomía económica de las empresas estatales independencia financiera y permitía la posibilidad de introducir mecanismos de mercado en la economía planificada. Bajo esta ley, se autorizaba a las empresas estatales a realizar sus propios planes quinquenales y a negociar por su propia cuenta los términos de pagos de impuestos y cuotas de producción con otras empresas. Así mismo, se permitía a las empresas del Estado vender excedentes, enajenar o vender su patrimonio, establecer sus propias organizaciones científicas, financiar sus pérdidas, pedir préstamos bancarios por su propia cuenta, establecer sus propios precios, supeditar el pago de los sueldos del personal a la rentabilidad de la empresa, comprar materiales a distintos proveedores, establecer lazos con organizaciones comerciales extranjeras, tener su propio sistema de divisas, y exportar su producción a voluntad.

La ley establecía la división de las empresas estatales en 2 categorías: las empresas responsabilidad de ministerios, comités estatales y departamentos, que se gestionarían a sí mismas; y las empresas municipales, que serian administradas por los hurales locales. Se permitieron 3 tipos de asociaciones: productoras, científicas, y de coordinación de asuntos económicos.

Las primeras empresas donde se introdujeron estas medidas fueron las pertenecientes a las industrias ligeras y alimenticias, así como en el sector domestico, lo cual provocó una disminución significativa de los materiales empleados en la producción. Vale decir que desde 1986 se permitió a las cooperativas agrícolas disponer libremente de los excedentes de producción, y, del mismo modo, se les permitió a sus miembros apropiarse de una parte de la cosecha. Igualmente, desde 1987 el gobierno empezó a promover la formación de asociaciones voluntarias de productores en los distintos sectores de la economía para así elevar la producción de bienes de consumo.

Al igual que ocurrió en los demás países socialistas durante la época, en Mongolia empezaron a surgir grupos que reclamaban cambios políticos y económicos. En este caso, empezaron a tener lugar una serie de manifestaciones que demandaban la aceleración de la apertura económica y la adopción de un sistema multipartidista. Uno de los manifestantes más destacados era Tsahiagiin Elbegdorj, un funcionario del PRPM que se había convertido al liberalismo durante su estancia en la URSS tras haber leído sobre la perestroika (de la cual era partidario): el 28 de noviembre de 1989 dio un discurso durante el II Congreso Nacional de Jóvenes y Artistas en el que abogaba por dichas medidas; el presidente del congreso no le dejó terminar e interrumpió su discurso. El 10 de diciembre tuvo lugar un mitin en el Centro Cultural Juvenil de Ulanbator en el que Elbedgorj fundó la Unión Democrática de Mongolia (UDM).

Conforme fueron avanzando las protestas, los manifestantes, que inicialmente abogaban por  la adopción de un ”socialismo democrático”,  fueron adoptando posiciones cada vez más nacionalistas y finalmente acabaron incluyendo en sus demandas, entre otras cosas, la reintroducción del alfabeto mongol tradicional (oirat), que había sido reemplazado por el alfabeto cirílico. El 2 de enero de 1990 la UDM hizo un llamado a la ”revolución democrática”: las protestas aumentaron después de que el gobierno ignorara sus demandas. Las protestas se expandieron fuera de la capital, principalmente en Erdenet y Darhan.

El 7 de marzo tuvo lugar una huelga de hambre en la Plaza Suhbaatar pidiendo la salida del PRPM del poder. Finalmente el gobierno accedió y comenzó a negociar con los opositores: el 9 de marzo Batmönh disolvió al Politburó del PRPM. Inmediatamente Elbegdorj comunicó la noticia a los demás miembros de la UDM, por lo que posteriormente la huelga de hambre fue levantada. Batmönh dimitió el 21 de marzo, y poco después el PRPM volvió a llamarse PPM. Finalmente, el nuevo Politburó anunció la convocatoria de elecciones para julio. Tras su renuncia, Batmönh se retiró de la vida pública y se estableció en Dambadarjaa, donde vivió hasta su muerte en 1997.


Luego de la dimisión de Batmönh, el 29 de julio de 1990 se llevaron a cabo elecciones parlamentarias, las primeras elecciones multipartidistas en la historia de Mongolia, que fueron ganadas por el PPM, que obtuvo 388 escaños. Dashiin Byambasüren fue electo primer ministro, pero llevó a cabo una serie de reformas liberalizadoras que causaron desequilibrios económicos, pues, entre otras cosas, la ayuda soviética se detuvo (debido a que dichas reformas coincidieron con el fin de la URSS), los precios comenzaron a subir, los alimentos escasearon, se introdujeron cartillas de racionamiento y se propició el surgimiento del mercado negro (principalmente en Ulanbator).

El 13 de febrero de 1992 el nombre ”República Popular de Mongolia” oficialmente dejó de existir y el país pasó a llamarse simplemente ”República de Mongolia”. Byambasüren dimitió el 21 de julio y convocó elecciones anticipadas, que fueron ganadas por el PPM con el 56% de los votos, siendo electo primer ministro Puntsagiin Jasrai (28 de junio). No obstante, Jasrai se encargaría de instaurar definitivamente la economía de mercado, con las previsibles consecuencias que ello trajo: se llevaron a cabo una serie de ajustes presupuestarios, cientos de empresas fueron privatizadas o cerraron, los estantes de las tiendas de alimentos se vaciaron, empezaron a tener lugar cortes de energía, y, tras suprimir la mayoría de los aranceles a las importaciones y levantar el control de precios, la inflación se disparó, y el comercio exterior se desplomó; entre 1992 y 1993 el PIB se contrajo en un 13%. Si bien se declaró que ”nuestra prioridad será mantener buenas relaciones con la Federación Rusa y con la República Popular China, sin adoptar la línea de uno u otro país, pero manteniendo relaciones equilibradas para promover un ambiente de vecindad y cooperación”, la verdad es que el comercio exterior nunca se recuperó de la caída del campo socialista, ya que este constituía su principal mercado. A consecuencia de esto, el PPM perdió las siguientes elecciones, celebradas en 1996, donde fue derrotado por la UDM, que obtuvo el 47% de los votos, y en las que Mendsaihany Enhsaihan fue electo primer ministro y Elbegdorj (que no por coincidencia era alabado por la prensa occidental como el ”Thomas Jefferson mongol”) fue electo presidente. Tras 4 años de gobierno de la UDM caracterizados por 4 cambios de gobierno en los que  hubo 5 primeros ministros interinos (entre ellos el propio Elbegdorj) y en los que se dio continuidad a la política neoliberal, el PPM volvió a obtener la mayoría parlamentaria tras ganar las elecciones de 2000 (con el 51% de los votos) en las que Nambaryn Enhbayar fue electo primer ministro, sin embargo ya no volvió a implementar el marxismo ni a planificar la economía.

A comienzos del siglo XXI el país tenía graves problemas sociales, tales como altos niveles de pobreza y desempleo, e igualmente la delincuencia y la corrupción iban en aumento. Entre 1999 y 2002 murieron por lo menos 7 millones de animales. Igualmente, el 51% de la población de entre 19 y 35 años es alcohólica.

 

 

Algunos videos de la Mongolia socialista:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

*  El noveno Jebtsundamba se llama Jampal Namdol Chökyi Gyaltsen. Nació en Lhasa en enero de 1933. Hijo de un guardaespaldas del decimotercer Dalai Lama, sus padres se separaron y lo dejaron bajo el cuidado de su tío, que también era miembro de la guardia del Dalai Lama. Como ya se mencionó, tras la muerte del Bogd Khan, el gobierno de la RPM anunció que él sería la última reencarnación del Jebtsundamba, sin embargo los lamas mongoles sí aceptaron la nueva ”reencarnación”, por lo que comenzaron a buscar a un nuevo sucesor, para lo cual fueron al Tíbet a informar al Dalai Lama. Por otra parte, el Dalai Lama murió en diciembre, por lo que Reting Rimpoche fue nombrado regente, y se inició la búsqueda de un nuevo Dalai Lama. En 1936,tras 12 años de búsqueda, los lamas mongoles descubrieron a Jampal Namdol Chökyi Gyaltsen -que entonces tenía solo 3 años-, y posteriormente, tras pasar una serie de pruebas, lo reconocieron como la nueva reencarnación de Jebtsundamba, pero debido a que Mongolia estaba gobernada por el PPRM, así como a la delicada situación existente en el Tíbet, su identidad se mantuvo oculta y su nombre desapareció de los registros históricos. En 1940 ingresó al monasterio de Drepung, pero debido a que su identidad se mantenía en secreto, no pudo entrar al Khalkha Mitsen y tuvo que continuar siendo un monje común. A los 25 años abandonó sus votos monacales. En 1959 escapó del Tíbet junto al Dalai Lama y se estableció en la India, donde llevó una vida ordinaria, casándose 2 veces y teniendo varios hijos. Su identidad no fue revelada hasta la caída de la República Popular en 1990: su coronación se llevó a cabo en Madhya Pradesh en 1992. Visitó Mongolia en 1999 usando una visa de turista para asistir a la ceremonia de su coronación como líder del budismo mongol en el Monasterio Gandantegchinlen Hiid de Ulanbator, sin embargo posteriormente regresó a Dharamsala. En 2010 obtuvo la ciudadanía mongola, pero siguió viviendo en la India. Falleció en marzo de 2012 tras una enfermedad prolongada.

Brasil despues del golpe – Una nueva Ucrania y sin futuro

El siguiente articulo fue tomado del blog Mundo Alternativo, donde fue publicado el 15 de mayo. El texto en cuestión se refiere a la operación golpista (que no golpe, pues este todavía no se completa y aún está en marcha) que esta teniendo lugar en Brasil, y si bien ya han pasado algunos días, sigue siendo un tema de actualidad y son infinidad de medios los que están dedicando páginas a estos eventos. Sin embargo, la mayor parte de esas noticias tienen un sesgo ideológico y político evidente que, disfrazado de “información objetiva”, en realidad es propaganda a favor del nuevo “gobierno” interino de Brasil (y por lo tanto de los dueños de dichos medios, que se sobreentiende tienen intereses en el hermano país latino). Es interesante la comparación que hace el autor con Ucrania, al decir que tuvo lugar un nuevo Maidan, pues desde el principio las manifestaciones tuvieron convocadas (y financiadas) por grupos afines a los intereses del gobierno de Estados Unidos, fueran los manifestantes conscientes de ello o no (ojo, el grueso de los manifestantes, no quienes dirigieron y convocaron las manifestaciones, pues estos si que eran conscientes desde el principio de lo que estaban haciendo): incluso se ha mencionado que el actual “presidente” interino es un agente de la CIA, algo que no debería sorprendernos. De hecho, y salvando las distancias evidentes que hay entre ambos países, lo que está ocurriendo en Brasil es prácticamente una calca de lo que ocurrió en Ucrania hace 2 años, donde se cocinó una “revolución” dirigida por grupos de derecha (una “revolución conservadora”, podríamos decir) y por uno que otro progre alienado y hambriento de protagonismo para, so pretexto de protestar contra la corrupción (sic), desacerse de un gobierno “díscolo” (que no hostil) que no estaba siguiendo debidamente el guión establecido por Washington, teniendo en común ambos paises la misma cosa: que los miembros del nuevo gabinete ya habian sido ungidos de antemano por Washington antes de que el golpe triunfara. Y tanto en Brasil como en Ucrania los miembros del nuevo gobierno -“presidente” incluido- son en su mayoría banqueros, grandes industriales y terratenientes o voceros de los mismos (en el caso de Brasil los hay que son ambas cosas) y, por supuesto -y como no podía ser de otra forma-, sus Chicago Boys (economistas neoliberales, politólogos y conferencistas promotores de la Nueva Mentalidad, ejecutivos de multinacionales, ideólogos atlantistas, etc.). Por cierto, es bastante curioso (por no decir cínico) que estos personajes, envueltos hasta el cuello en escándalos de corrupción, griten a los 4 vientos que van a dirigir la lucha anticorrupción. Ciertamente existen varios paralelismos entre ambas situaciones, pero con una gran diferencia (la principal y mas grande): que en Brasil es poco probable que la gente siga el ejemplo de las milicias de Donbass y tome las armas para defenderse. Es posible que la traducción no sea muy inteligible debido a mis escasos conocimientos del portugues y que por ello he tenido que traducir el resto…

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Aconteció en Brasil un golpe que siguió los mismos moldes que el que tuvo lugar Ucrania, donde el ex presidente Viktor Yanukovich fue destituido acusado de “crímenes de corrupción”, cuando realmente se trataba del interés de los magnates occidentales de desestabilizar mas a un país de Europa Oriental para provocar a Rusia, que todo mundo sabe, es una piedra en el zapato para los intereses de la Casa Blanca para dominar Europa con ayuda de la (Des)Unión Europea.

En Brasil ocurrió un nuevo Maidan, siguiendo el mismo guión aplicado en Ucrania en 2014, con la diferencia de que en este país, que en el pasado vivió su mejor época en la Unión Soviética, ha habido una gran resistencia, misma que está teniendo lugar hasta hoy día, en las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, que son ejemplo de esto. La cuestión es que en América Latina la nefasta influencia de la Casa Blanca es cada vez mayor, no habían pasado pocos años de los golpes en Honduras y Paraguay, y ahora está ocurriendo en Brasil.

Muchos hablan de que el golpe tuvo el apoyo del ”pueblo”, asi como hicieron en Ucrania con el Maidan: todo eso claramente es mentira. Eso es un pretexto para manipular a las masas, pues tanto Brasil como Ucrania son países con una gran población, por lo tanto, la mayoría aquí eligió a Dilma Rousseff como presidente. Los golpistas siempre repiten el discurso de luchar contra la corrupción, siendo que en realidad todos los ministros de Temer están implicados en escándalos de corrupción, habiendo incluso un miembro del PCC que es uno de los mas fuertes de Sao Paulo, estado gobernado por un partido que vive de atacar a Dilma y que probablemente esta desviando dinero destinado a desayunos escolares, algo sobre lo que los mismos que protestan contra la corrupción no dicen nada.

Los gobiernos de Cuba, Salvador, Ecuador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela ya han dejado claro que no reconocen a los golpistas, y esta lista podría aumentar, e incluso Wikileaks filtró documentos que hablan del involucramiento del nuevo “presidente” con la Casa Blanca que se centran en el caso de Petrobras, que hoy sabemos que son las riquezas de Brasil lo que está en la mira de los criminales de Washington.

Lo mas curioso de todo esto es que algunas personas que son muy crédulas son las mismas que defienden a capa y espada al capitalismo como un sistema justo, pensando que la corrupción es debido al dinero y que eso se puede acabar, pero eso nunca va a ocurrir. ¿Porque nunca va a ocurrir? Porque en el capitalismo el hombre es por sí mismo corrupto y tramposo, y hace lo mismo como tal “potente”, que se pega a la cola, que pasa a puntos en la licencia de conducir, o para comprar. En algunos casos, inventan certificados para faltar al trabajo (los mismos que acusan a los trabajadores de “vagos” acaban haciendo cosas peores), entre otras cosas…Más curioso es aún que muchos de estos inocentes dicen que los países socialistas son ”dictaduras”, pero aceptan hipocritamente su sumisión al imperialismo, están en contra de los BRICS pero apoyan sin pensarlo la ”amistad” con Estados Unidos: estas personas que tanto se dicen ”patriotas” terminan siendo peor que prostitutas.

La lucha del pueblo apenas comenzó, un golpe de estos no puede tener lugar sin que la clase trabajadora se quede de brazos cruzados. Es verdad que Dilma fue electa por el pueblo, pero también es cierto que fue débil en comparación con lo que podía pasarle, debido a que el actual sistema de justicia es prácticamente inexistente…Sólo existe para defender los intereses de los poderosos, principalmente de Brasil. Pero ahora no sirve de nada ponerse a llorar, Dilma cayó, y es deber del pueblo luchar, principalmente el resto de democracia que aún queda en Occidente.

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A propósito de Bruselas..

El jueves se cumplieron 17 años del bombardeo ”humanitario” de la OTAN a Yugoslavia, que bajo el pretexto de una limpieza étnica imaginaria ejecutada por el gobierno serbio contra los albaneses de Kosovo,  llevó a cabo una operación de exterminio (ahora sí) contra el pequeño país del sur de Europa, ya para entonces mutilado artificialmente por un conflicto (provocado también artificialmente) que llevaba prácticamente 10 años. La conocida como Operación Fuerza Aliada duró del 24 de marzo al 10 de junio de 1999 y supuso la práctica destrucción del país, pues si bien los objetivos militares fueron barridos con relativa facilidad, dada la superioridad tanto numérica como tecnológica de los invasores, no les bastó y se dedicaron a liquidar toda infraestructura -fuera militar o no-, no dejando nada en pie. Miles de aldeas fueron, literalmente, borradas del mapa, cientos de hospitales, escuelas y demás infraestructura social fueron reducidos a cenizas, la industria y la infraestructura energética del país quedaron completamente inutilizadas (miles de fábricas, presas y centrales eléctricas fueron destrozadas, con las subsecuentes secuelas económicas que ello acarrearía después), e incluso la embajada china en Belgrado fue arrasada, asesinando a miles de funcionarios y ciudadanos chinos que se encontraban ahí. No se conoce el número exacto de víctimas, pero se calcula que por lo menos 7000 personas fueron exterminadas (muchas de ellas albanesas, en una proporción muchas veces mayor a la atribuida a la supuesta represión del ejército yugoslavo, y eso que según tuvo lugar para ”salvar a los albaneses de Kosovo”). La situación para entonces ya era tensa, pues, como dije, el país llevaba en guerra desde 1990 y había perdido Bosnia, Croacia y Eslovenia (Macedonia se ”independizó” 2 años después de que iniciara el conflicto, aunque a diferencia de las otras 3 repúblicas lo hizo por las buenas, recurriendo al chantaje y la amenaza, contando para ello -como no podía ser de otra manera- con el apoyo de Estados Unidos y de la llamada ”Comunidad Europea”), habiendo sido reducido prácticamente a la cuarta parte de su composición original: lo que provocó la embestida de las fuerzas ”democráticas” de Occidente fue la famosa masacre de Racak, una aldea en el sur de Kosovo cerca de la frontera con Macedonia, y que poco después se demostró que era mas falsa que un billete de 30 pesos, y que dicho sea de paso realmente se trataba de un enfrentamiento entre la policía serbia y miembros del UCK, la organización de nacionalistas albaneses que provocó la guerra de Kosovo y cuya biografía es realmente imperdible (por lo que no se trataba precisamente de ”una matanza de pobres ciudadanos albaneses desarmados que se manifestaban pacíficamente contra la política de exterminio del régimen yugoslavo”).

Actualmente, Kosovo está viviendo un grave proceso de islamización y deseslavización por parte de los nacionalistas albaneses, pues en esa provincia del sur de Serbia (sí, provincia, pues ni tiene el reconocimiento de la ONU como país, ni es miembro de dicho organismo, ni mucho menos su aislamiento del resto del país -y todavía menos su ocupación por tropas de Estados Unidos- fue legal ni legitimo ni se consultó a la población -sean estos eslavos o albaneses-, por lo que de facto sigue siendo una provincia de Serbia) está teniendo lugar una limpieza étnica (ahora sí) contra la población eslava en general, no solamente serbia, sino también macedonia, búlgara, croata, etc., que a su vez está siendo “convertida” forzosamente al islam, ya que a diferencia de los albaneses, son en su mayoría cristianos ortodoxos, lo cual ha conyevado, como era de esperarse, la destrucción de prácticamente la totalidad de las iglesias ortodoxas de la zona mientras se construyen mezquitas (vamos, como en la época de las cruzadas, aunque ahora la “Comunidad Internacional” no dice ni mu, porque en Serbia ya está en el poder -o mejor dicho impusieron en el mismo, hace 16 años- uno de los suyos, así que lo mismo les da que haya campañas de limpieza étnica o no). A parte hay que sumar a esto los problemas económicos y sociales, pues si bien Kosovo es una zona pobre, los mas marginados son los sectores eslavos, pues, entre otras cosas, son ellos quienes constituyen la mayor parte de la población desempleada, situación que se ha agravado por la privatización que se ha implementado en la provincia en la última década, primero por los gobiernos serbios “democráticos” posteriores al golpe de Estado contra Milosevic, y después por los nacionatas albaneses que se apoderaron del lugar, pues la población eslava constituía la mayor parte de la mano de obra de las empresas privatizadas (a parte de ello hay que sumar el hecho de que muchas veces la discriminación y el antieslavismo existentes se trasladan al ámbito laboral, algo que queda de manifiesto a la hora de buscar trabajo): como consecuencia de ello, la mayoría de los eslavos de Kosovo han huido a países vecinos, principalmente a Serbia. Y todo ello sin mencionar las consecuencias (similares o peores) que han sufrido las minorías no eslavas -griegos, turcos, gitanos, etc.- por la albanización de Kosovo, pero una vez mas, esto no sale en los medios -ni saldrá-, pues no vende.

Sin embargo no solo se trata de las víctimas de la “guerra” de Kosovo, sino de las del resto de ex-republicas yugoslavas, que una vez “independizadas” -algo que, a diferencia de lo que nos dicen en la tele, fue llevado a cabo totalmente en contra de los designios de la población- quedaron bajo auténticas dictaduras fascistas (cuyos cabezas visibles habían colaborado con los nazis durante la segunda guerra mundial), que persiguieron, cuando no eliminaron físicamemte, a todos los que se opusieran a sus planes criminales, todo ello, por supuesto, con la bendición -cuando no con la colaboración directa- de los Estados Unidos y la UE. También deberíamos contar como víctimas al grueso de la población serbia, que tras el cambio de régimen producido en octubre de 2000 tras un golpe de Estado (conocido eufemísticamente como “revolución” del bulldozer), ha sido sometida a un empobrecimiento brutal similar al del resto de países ex-comunistas del este europeo, que en el caso serbio fue particularmente duro durante los primeros años de transición neoliberal, pues no acababan de salir del shock de la guerra (y muchas veces con los escombros de sus hogares aún humeantes) cuando ya estaban sufriendo la carestía y la inflación (y la devaluación de sus ahorros) resultantes de la liberalización económica: y eso sin tener en cuenta que actualmente Serbia es el país europeo con mayor cantidad de enfermos de cáncer -principalmente leucemia-, lo cual se debe al uso que hicieron las fuerzas de la OTAN durante la guerra de armas nucleares “empobrecidas”.

¿No será todo esto un crímen mucho peor que el que un par de fanáticos descerebrados (que son solo 2 comparados con el resto de fanáticos -que son una cantidad mucho mas grande- peor de descerebrados que cometieron todo lo mencionado anteriormente)? El haber hecho todo esto para convertir a un país en un mercado colonizado por las grandes compañías, que no produce casi nada porque la práctica totalidad de lo que consume es importado, y en un exportador de materias primas y mano de obra barata ¿no es a caso un crimen igualmente condenable? ¿no merecía la ocasión que, por ejemplo, Facebook pusiera la opción de poner la bandera de Serbia o Yugoslavia como foto de perfil?

No se trata de decir que las vidas víctimas de las guerras yugoslavas valen mas que las de las victimas del reciente atentado en la capital belga (afirmar algo así sería estúpido), sino que para los dueños del mundo, cuando hay intereses creados de por medio, las diferentes víctimas no cuentan por igual.

 

 

 

 

 

PS: Respecto a Kosovo, en caso de que se formalice su ”independencia” (lo cual es poco probable que suceda), se convertiría en el país de Europa con: mayor cantidad de musulmanes, mayores tasas de natalidad y mayores índices de desempleo. De esto se trata el famoso fin de la historia y choque de ”civilizaciones”. A propósito, ha salido un nuevo artículo que indica que ya están en marcha planes para hacer lo mismo en Voivodina, provincia del norte de Serbia.